| La Sierra's profileLa Sierra de GuadarramaPhotosBlogLists | Help |
INSTRUCCIONES PARA VER EL PAISAJE. Miradores(Por Andrés Campos)
Los miradores no sólo son unos lugares más o menos acondicionados para pararse a contemplar un bonito paisaje, sino aulas donde se enseña a ver lo que otros antes avizoraron, ojos prestados con los que podemos ponernos en la mirada de un rey, un montañero, un guarda forestal o un pastor de la vega del Tajuña. De las infinitas oportunidades que hay para aprender a mirar en la región, hemos elegido media docena.
- Silla de Felipe II. El rey de los miradores madrileños es un peñasco de granito que aflora a 1.080 metros de altura en la falda de Las Machotas, donde Felipe II mandó labrar un par de asientos para poder espiar descansadamente a los artífices del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, cuya fachada meridional se ve a 2.250 metros de distancia como si en lugar de alzarse en la ladera pinariega del monte Abantos, estuviese dibujada sobre un plano. A la Silla se sube en coche por el desvío que hay señalizado en el kilómetro 30,200 de la carretera M-505 (Las Rozas-Ávila). La prolongación del asfalto es una senda ecológica, apta incluso para personas en silla de ruedas, que invita a pasear un par de kilómetros por el más bello robledal de la región, el de La Herrería. (www.sanlorenzoturismo.org) - Mirador Gallarza. En 1952 se construyó esta aérea balconada de granito en la loma de los Cogorros, a un kilómetro al norte del puerto de Navacerrada, donde se tiene la viva impresión de estar sobrevolando en avión el pinar de Valsaín y a punto de estrellarse contra la Bola del Mundo, justo enfrente. Se llega en 20 minutos caminando desde el puerto de Navacerrada. Una ruta a pie más larga por la loma de los Cogorros y el vecino arroyo del Telégrafo, de unas tres horas y media de duración, está descrita en www.excursionesysenderismo.com - Mirador del embalse de El Atazar. En realidad, toda la carretera que conduce desde el pueblo de Patones hasta el de El Atazar remontando el encañonado curso del bajo Lozoya, es un mirador.Sin embargo hay un punto, 500 metros antes de cruzar la presa, que está acondicionado como tal, con un panel informativo y una barandilla de madera para asomarse sin peligro al vértigo de esta muralla curva de 484 metros de longitud por 134 de altura, que forma a sus espaldas un embalse de medio billón de litros, 1.070 hectáreas y 72 kilómetros de costas. Al otro lado de la presa, se ve el caserío de pizarra de El Atazar, rodeado de fragantes jarales y de los montes más solitarios de la región. Más información en www.sierranortemadrid.org - Tielmes. Este municipio del sureste invita a los visitantes a hacer la ruta de las Fuentes y los Miradores, una senda de 10 kilómetros y tres horas de duración, con una dificultad media, que enlaza cinco viejas fuentes abrevadero y dos miradores -el de la Ermita y el del Valle- situados a 150 metros de altura sobre la vega del Tajuña, ofreciendo unas vistas del valle y del caserío de Tielmes similares a las que gozan los aguiluchos.Una descripción detallada del recorrido y un plano se encontrarán en www.tielmes.org - Las Canchas. A tres kilómetros del pueblo de Navacerrada se encuentra el edénico valle de la Barranca, donde, caminando una hora y media por la pista de tierra que aparece al final de la carretera, se llega a las peñas o canchas que dan nombre a este mirador situado a 1.760 metros de altura, desde el cual se obtiene una perspectiva magnífica de La Maliciosa, cuyo perfil, visto desde aquí, semeja el de una esfinge. Por la misma pista, en un cuarto de hora más, se llega a la explanada donde antaño se levantaba el Real Sanatorio del Guadarrama, para tuberculosos, que también domina un soberbio panorama: desde la sierra de Hoyo de Manzanares hasta El Escorial. De esta ruta se informa en la Oficina de Turismo de Navacerrada (Cuartel, 5; teléfono 918 560 308; www.ayto-navacerrada.org). - Los Robledos. En el kilómetro 31,300 de la carretera M-604, entre Rascafría y el puerto de los Cotos, aparece indicado el desvío que lleva a este mirador, el mejor del valle del Lozoya (por lo menos, de los que tienen acceso en coche). Allí, además de un monumento dedicado a la Guardería Forestal, hay una especie de brújula gigante -señalador, le dicen- que permite apuntar con su manecilla hacia cualquier rincón del valle y luego leer sobre la esfera el topónimo correspondiente.A mano derecha, se ven las cumbres de Cuerda Larga y la sierra de la Morcuera; a la izquierda, Peñalara y los montes Carpetanos; y al frente, todos los lugares que enhebra el Lozoya desde El Paular, casi a los pies del observador, hasta el embalse de Pinilla, 10 kilómetros más allá. Una panorámica en movimiento desde 15 miradores de la cuenca del Lozoya, incluido éste, puede verse en www.sierranorte.com LA HUELLA DE LAS MÁQUINAS DE AGUA. Molinos Hidráulicos(Por Andrés Campos)
"Siempre habrá nieve altanera que vista el monte de armiño, / y agua humilde que trabaje en la presa del molino". León Felipe se equivocaba. Algo de nieve, cada vez menos, queda en el monte, pero molinos en activo, ni uno. En Madrid, que antaño hubo docenas, hoy sólo pueden verse un puñado de ellos, rehabilitados como museos, restaurantes u hoteles, y pasear por el monte contemplando las melancólicas ruinas que jalonan los ríos serranos. - Museo de los Molinos. El antiguo molino de la Huerta de Angulo, en Morata de Tajuña, uno de los tres con que contaba esta localidad en el siglo XVI, fue objeto en el año 2000 de una recuperación integral -desde la maquinaria hasta el entorno ribereño- para albergar un museo ejemplar, donde además de ver en acción una de las tres piedras que tuvo, la más antigua, se pasa revista a la turbina que se instaló para generar electricidad a finales del siglo XIX, al sistema de cernido y clasificación de la harina, y a diversos utensilios -fanegas, básculas, espuertas, cribas...- relacionados con la molienda. Merece la pena dar un garbeo por el exterior para contemplar la cascada que se forma al pie de la presa y la curiosa silueta del molino, con su alta chimenea cuadrilonga -de cuando era también fábrica de luz-, espejándose junto con los álamos y las ocas en las aguas del Tajuña. Más información, en el teléfono 91 873 03 80 y en www.ayuntamientodemorata.org - Molino de Cantarranas. El que fue molino harinero hasta 1912 y fábrica de harinas y piensos hasta hace 30 años, hoy es un complejo turístico del grupo Foxá concebido para eventos multitudinarios, con una gran carpa rodeada de fuentes, palmeras y hoyos de golf, que esto más que Tielmes, en la vega del Tajuña, parece Marina d'Or. A un lado del edificio principal, de color rojo chillón, se encuentra el hotel, con 13 habitaciones de decoración recargada; al otro, el restaurante, especializado en asados en horno de leña y carne al carbón. Y en medio, ¡oh, sorpresa!, un espectacular museo de tres plantas donde se muestran, perfectamente restauradas, alineadas y pulidas como yates, las mil y una máquinas de la antigua fábrica, así como el laberinto de las tuberías por las que subían y bajaban el grano y los distintos tipos de harinas. Dada su proximidad al museo de los Molinos de Morata (a sólo 12 kilómetros), lo lógico es visitar ambos el mismo día. Teléfono 91 873 77 20. www.foxa.com - Río Cofio. Antaño conocido como río de los Molinos, este afluente del Alberche baña las ruinas de ocho de ellos en tan sólo cinco kilómetros de su curso alto, récord absoluto en la región. Destacan el Nuevo, con su caz monumental enlosado con piedras de moler, y el de la Fabriquilla, en cuyas tripas llenas de zarzas y escombros se distinguen las dos piedras, fija la solera y móvil la volandera, unida ésta mediante un eje vertical a la rueda hidráulica (rodete), que está oculta en el sótano (cárcavo) y que es la que recibía el impulso del agua canalizada a través de un largo caz, resultando de ello un movimiento de más de 100 giros por minuto y una producción de unos 180 kilos de harina por hora. Para verlos hay que caminar río arriba desde la colonia El Pimpollar, en Santa María de la Alameda, hasta la carretera de Las Navas del Marqués. Este paseo de tres horas -incluida la vuelta por el mismo camino- se describe con detalle en www.excursionesysenderismo.com.- El Molino de La Acebeda. En funcionamiento hasta 1976, esta aceña del pueblo serrano de La Acebeda, en el ápice norte de la región, fue rehabilitada en 1993 y abrió un año después sus puertas como restaurante, con especialidades tan apetecibles como las papas con mojo, el revoltillo del bosque y la perdiz al chocolate. De las dos muelas que tuvo, conserva una, la más grande, y toda la maquinaria a punto para ponerla en movimiento, cosa que rara vez se hace por temor a que las vibraciones rompan los cristales. Y es que, justo al lado, está la llamada mesa del agua, situada sobre un vidrio que permite a los comensales ver pasar bajo sus pies la corriente que alimenta el molino, procedente del arroyo de la Dehesa. Además, el Molino de La Acebeda es galería de arte, en la que actualmente expone María de los Ángeles Costafreda. Sólo abre los fines de semana, y tanto para visitarlo como para comer, conviene llamar al teléfono 609 766 441. (www.elmolinodelaacebeda.com) - La Hiruela. El molino de Juan Bravo, del que sólo quedan en pie unas paredillas, y el Nuevo, completamente restaurado, jalonan una senda que discurre por las soledades serranas de La Hiruela, atravesando los robledos, verdes ribas y saucedas del alto Jarama: los más bellos sotos de Madrid. La senda de Molino a Molino, que así se llama, es un itinerario circular de cinco kilómetros y una hora y media de duración, apto para personas de toda edad y condición física, del que se ofrecen un croquis y una descripción pormenorizada en www.sierranorte.com/rutas/hiruela.html. A lo largo del camino se cruzan tres puentes y existe la posibilidad, nada más atravesar el primero, de prolongar el recorrido monte arriba durante 15 minutos para visitar El Cardoso de la Sierra, ya en tierras de Guadalajara. Si además se desea conocer por dentro el molino Nuevo, y verlo funcionar, hay que ponerse antes en contacto con el guía Miguel Ángel Gámez (teléfono 690 865 132).Los grifos de las montañas. Meterse debajo exige disciplina teutónica: el agua está que corta(Por Andrés Campos)
En tiempos de sequía no existe espectáculo más gratificante que el agua cayendo, con derroche estruendoso, de los grifos abiertos de la montaña. Aquí se muestran las cinco cascadas más bellas de la región, pero hay muchas más: la chorrera de San Mamés, junto a la aldea homónima del valle del Lozoya; la de Rovellanos, en Canencia; el salto del Hervidero, en el río Guadalix; las cascadas del arroyo del Hornillo, en Santa María de la Alameda; las del río Pradillo, en el cóncavo de Siete Picos; las del arroyo de las Guarramillas, en las vecindades de Cotos... Prácticamente hay una para visitar cada fin de semana. - Chorro de Somosierra. Pocos accidentes de la envergadura de esta cascada, también conocida como chorrera de los Litueros, se registran a tan pequeña distancia de un pueblo de Madrid. A sólo un kilómetro al norte de Somosierra, el arroyo de la Peña del Chorro, recién nacido en el pico Tres Provincias, se lanza al vacío en varios saltos rugientes. El mayor ronda los 50 metros. Se va bajando por la carretera abandonada (antigua N-I) que nace junto a la gasolinera para, a los 700 metros, echarse a andar a la derecha por una pista de tierra que, en cinco minutos, deja al pie de la cascada, la cual, vista de cerca, semeja una cola de caballo dividida en tres mechones, lista para ser trenzada. Este arroyo volandero es la primera fuente del Duratón, río famoso por sus hoces atiborradas de buitres. www.sierranorte.com/somosierra - Cascadas del Purgatorio. No son las más grandes de la región -15 metros mide la mayor-, pero sí las que gozan de un emplazamiento más impresionante, en una pétrea garganta a medio camino entre el monasterio de El Paular y el puerto de la Morcuera, donde el arroyo del Aguilón, caudaloso tributario del Lozoya, interpreta, en versión acuática, las angustias de las almas atascadas entre el infierno y el cielo, con mucho espumarajo, remolino y escándalo. La aproximación, también espectacular, se hace por un camino bien señalizado que sale del centro de educación ambiental Puente del Perdón (teléfono: 91 869 17 57), a dos kilómetros de Rascafría, y se va abriendo paso por robledales y pinares hasta llegar a la angostura donde salta y grita el Aguilón. La senda acaba en un balcón de madera frente a la primera cascada, pero los machacas pueden seguir trepando para ver más. Son 12 kilómetros y unas cuatro horas de paseo, incluida la vuelta por el mismo camino. www.rascafria.org - Chorrera de Mojonavalle. Cerca del puerto de Canencia, el arroyo del Sestil del Maíllo se escurre por la escarpada ladera de Mojonavalle dando lugar a la chorrera del mismo nombre, de unos 30 metros de altura. A su vera proliferan, formando un bosque de cuento, abedules, tejos, acebos y serbales, especies típicas de latitudes mucho más norteñas. Éste es uno de los rincones más umbríos, húmedos y gélidos de la sierra de Guadarrama, como lo demuestra la cascada, muy a menudo helada. Por la pista forestal que arranca junto a la gran fuente de piedra del puerto, se accede en diez minutos al centro de educación ambiental El Hornillo (teléfonos: 901 525 525 y 609 250 135) y, por la senda ecológica que nace aquí, se baja en otro tanto hasta la chorrera. Es un paseo ideal para hacer con niños. (www.sierranortemadrid.org) - Chorros del Manzanares. Caminando río arriba desde los aparcamientos de Canto Cochino, casi siempre por la margen izquierda, se accede en dos horas largas a este paraje que, además de cascadas, ofrece vistas, pozas, soledades y el asombro de pinos antediluvianos. Se facilitan folletos de la ruta en el centro de educación ambiental que hay a la entrada de la Pedriza (teléfono: 918 539 978), a un par de kilómetros de Manzanares El Real. www.manzanareselreal.org - Ducha de los Alemanes. Esta caída limpia, de un par de metros, que sufre el arroyo de la Navazuela en el valle de la Fuenfría debe su nombre, según dicen, a las duchas que se daban en ella los primeros montañeros de la sierra -varios de ellos, de origen germano- en los albores del siglo XX. Sea o no cierto, meterse debajo exige tener una disciplina teutónica, pues el agua está que corta incluso en pleno verano. Antiguamente se le llamaba chorro del Árbol Viejo, por el anciano tejo que crecía (y aún crece) a su arrimo. Desde el aparcamiento de Majavilán, en las Dehesas de Cercedilla, se llega en 45 minutos subiendo por la calzada romana hasta el chalé de Peñalara y luego por la pista de tierra conocida como carretera de la República. No nos perderemos, si antes pasamos por el centro de educación ambiental Valle de la Fuenfría (Carretera de las Dehesas, kilómetro 2; Cercedilla; teléfono 918 522 213).Las primeras fuentes del Guadarrama. Valle de Navalmedio (Valle de Navalmedio)
Al valle que cae al sur del puerto de Navacerrada, bajo la jurisdicción mancomunada de Navacerrada y Cercedilla, le dicen de Navalmedio precisamente por eso, porque está en medio, en la linde de ambos municipios. Lo surca el río homónimo, una de las primeras fuentes del Guadarrama.Lo tapizan pinos silvestres, alguno tan vetusto y querido de los serranos, que hasta tiene nombre propio. Y lo guardan montañas riscosas: a naciente, las Cabrillas; a poniente, Siete Picos. Recorrerlo un día de primavera, por sendas bordadas de botones de oro y endrinos de nívea flor, es el paraíso. Nuestro paraíso de hoy. Comienza el paseo en el embalse de Navalmedio; por la pista de tierra que nace al final de la carretera de acceso, tras una barrera marrón. Ascendiendo por el frondoso pinar, este camino cruza enseguida el río Navalmedio, bordea luego una serie de praderas -la mayor de todas, la de las Cortes, en la que yacen las ruinas de un campamento juvenil- y, tras salvar de nuevo la corriente, vira bruscamente a la derecha para llegar, como a tres cuartos de hora del inicio, junto al llamado pino de la Cadena. Poco más adelante de este viejo pino -que tiene una cadena ceñida a la base del tronco, colocada en 1924 por Ricardo Urgoiti, propietario del diario El Sol, en memoria de su padre recién fallecido-, la pista se bifurca. Entonces tiraremos por el ramal de la izquierda -el de la derecha nos llevaría al Ventorrillo-, que nos permitirá llegar al puerto de Navacerrada tras dos horas de caminata, no sin antes reposar las piernas y la mirada en la inmensa pradera de la Vaqueriza. En lo más alto del puerto, junto a la estación del telesilla de la Bola del Mundo, arranca una senda pedregosa que, pasando por encima de la casa-cuartel de la Guardia Civil, se dirige en suave ascenso hacia la cuerda de las Cabrillas, donde la altura sobre el nivel del mar es de casi 2.000 metros y la vista del valle, casi cenital. Enseguida arribaremos a un collado donde la senda cambia de vertiente y, sin apartarse mucho de la cresta, continúa por la ladera que da al vecino valle de la Barranca hasta llegar al mirador de las Canchas -tres horas y media desde el inicio-, el cual reconoceremos por estar lleno de paneles de orientación y de gente contemplando arrobada el perfil de esfinge de la Maliciosa. Por el mirador pasa una pista que, siguiéndola a la derecha, conduce en tres cuartos de hora a la carretera M-601 (Collado Villalba-puerto de Navacerrada). A 200 metros, carretera arriba, se halla el paraje del Ventorrillo, donde tienen su base las máquinas quitanieves. Allí, justo por encima de las últimas construcciones, sale a mano izquierda otra pista que, en 45 minutos más -cinco horas, en total-, nos devolverá al punto de partida.
Cocina casera castellana- Cómo ir. El embalse de Navalmedio, punto inicial de la ruta, dista 55 kilómetros de Madrid por la autovía de A Coruña (A-6) hasta Collado Villalba, para seguir por la M-601 hacia el puerto de Navacerrada y desviarse a la izquierda en el kilómetro 12,700, junto a La Fonda Real. - Datos de la ruta. Longitud: 18 kilómetros. Duración: 5 horas. Desnivel: 700 metros. Dificultad: media-alta. Camino: itinerario circular por pista de tierra y sendero, sin señalizar. Cartografía: mapa Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde. - Comer. La Fonda Real (Navacerrada; 91 856 03 05): lechazo y tostón servidos en un salón con vistas sobre el valle; 35 euros. Casa Ochoa (puerto de Navacerrada; 91 852 14 30): cocina castellana en fogones de leña; 25-30 euros. Pasadoiro (puerto de Navacerrada; 91 852 14 27): judiones, cochinillo y postres caseros; 20 euros. - Dormir. La Casona de Navalmedio (Cercedilla; 91 852 13 51): junto al embalse; doble, desde 85 euros. El Corzo (Puerto de Navacerrada; 91 852 11 00): con spa y buen restaurante; 120 euros. Arcipreste de Hita (Navacerrada; 91 856 01 25): en Portazgo, con sauna, squash y bungalows de madera; 75 euros. - Más información. En www.pueblos-net.com/cercedilla y www.ayto-navacerrada.org. Camino "reventón de paisajes". De Rascafría a la GranjaLa ruta es una caminata exigente, sólo para senderistas curtidos, que arranca en el polideportivo de Rascafría (Por Andrés Campos)
Hasta bien entrado el siglo XX, el mejor camino que hubo para ir de Rascafría, en el valle madrileño del Lozoya, al Real Sitio de La Granja, en la vertiente segoviana de la sierra, era la senda de herradura que atravesaba el Reventón, un puerto estratosférico, de 2.039 metros de altura, al que los transeúntes, para compensar, tenían en la más baja estima. Hasta bien entrado el siglo XX, el mejor camino que hubo para ir de Rascafría, en el valle madrileño del Lozoya, al Real Sitio de La Granja, en la vertiente segoviana de la sierra, era la senda de herradura que atravesaba el Reventón, un puerto estratosférico, de 2.039 metros de altura, al que los transeúntes, para compensar, tenían en la más baja estima. "Hágase a pie o a caballo", observaba en 1919 un socio del Club Alpino Español, "el resultado es siempre el mismo: se termina reventado. Sólo en caso de extrema necesidad, como por ejemplo, huyendo de la Guardia Civil, volveríamos a trasponer este paso". Lo lógico es que, al conectarse en 1927 ambos municipios por carretera, a través de los puertos de Cotos y Navacerrada, el viejo camino hubiese quedado sepultado bajo las nieves perpetuas del olvido. Pero no fue así. Al poco de aquello, en plena Guerra Civil, se acondicionó como camino de carros para abastecer a las posiciones republicanas del Reventón. Y para acabar de mejorarlo, fue incluido, hace ahora 10 años, en la red de senderos del alto valle del Lozoya, siendo a la sazón señalizado con 60 postes de madera y rebautizado como la ruta del Paisaje. Mejor que la senda del Reventón, sí que suena. La ruta -que, pese a las mejoras, es una caminata exigente, sólo para senderistas curtidos y días de calma atmosférica absoluta- arranca en el polideportivo de Rascafría, subiendo por la pista de tierra que es prolongación de la cuesta del Chorro, entre prados donde las vacas rumian mirando con amorosa fijeza hacia el monasterio de El Paular, donde Vicente Carduccio pintara su claustro evocando a San Bruno, fundador de la orden cartuja. Gocemos de la vista porque, no más cruzar las Arroturas, que así se llaman estos diáfanos pastaderos, nos vamos a zambullir en el robledal de los Horcajuelos, uno de los rebollares más lozanos y espesos de la región. La sombra, con lo que está cayendo fuera, se agradece. En una hora y media, saldremos del robledal y arribaremos a una encrucijada presidida por la inconfundible peña de la Tortuga, también conocida como el Carro del Diablo. Sin perder de vista los postes, seguiremos la pista que sube en lento zigzag hasta extinguirse a escasos metros del Reventón, ofreciendo en cada revuelta un panorama más amplio del valle del Lozoya, desde el embalse de Pinilla hasta Peñalara. Y, ya en el puerto -unas tres horas desde el inicio-, nos descubriremos respetuosamente ante el monolito a Ibáñez Marín, que fundó en 1900 una de las primeras sociedades excursionistas de Madrid. La bajada a La Granja, por la ladera contraria, son dos horas más, con otras tantas paradas obligadas. Primero, en la fuente del Infante, donde descansar solía don Luis, primogénito de Felipe V, cuando andaba de caza por estos montes y que moriría prematuramente sin reinar más que apenas unos meses. Y después, en el Poyo Judío, un cerro que domina a vista de buitre el real sitio, con su palacio de piedra rosa de la impar Sepúlveda, sus jardines de estilo versallescos y sus dos espejos del Mar y del embalse del Pontón.
Sendas balizadas- Cómo ir. Rascafría dista 94 kilómetros de Madrid yendo por la A-1 y desviándose en la salida 69 por la M-604. La ida se puede hacer en autobús de Continental Auto (teléfono: 91 745 63 00); el regreso, desde La Granja, con La Sepulvedana (teléfono: 91 559 89 55). - Duración de la ruta: cinco horas (sólo ida). Longitud: 17 kilómetros. - Desnivel: 880 metros. Dificultad: alta. Camino: travesía por pistas forestales y sendas balizadas con postes de madera con las siglas RV-4. - Comer. Casa Zaca (La Granja; Tel.: 92 147 00 87): restaurante familiar cuyas especialidades son los judiones de La Granja, las cebollas al estilo Antonia y los huevos rellenos de gambas con langostinos; precio medio, 25 euros. El Candil (Rascafría; Tel.: 91 869 19 20): chipirones en su tinta, carnes a la brasa de encina y tarta de queso con frutos rojos; 25-30 euros. - Dormir. Las Fuentes (La Granja; Tel.: 92 147 10 24): 90-96 euros. El Tuerto Pirón (Rascafría; Tel.: 660 47 41 71): 130-165 euros. Más información. En El Paular, está el Centro de Educación Ambiental Puente del Perdón (Tel.: 91 869 17 57). Aurrulaque 94(Por Antonio Sáenz de Miera)
Quizá Aurrulaque le suene a algunos. A pocos o a muchos, no lo sé, según se mire. Así se llama a los montes cercanos a Siete Picos de Cercedilla. Aurrulaque, una palabra de resonancias vascas en un pueblo de la sierra madrileña, desde hace algunos años. es algo más, hemos querido que sea algo más, un encuentro, un día con un significado especial que trataré de explicar. Muchos madrileños no conocen los nombres de los lugares de su sierra. Ni de los animales, ni de los árboles, ni de las flores. Van y vienen, y miran con indiferencia. Desde algunas calles de Madrid se pueden ver los montes a lo lejos, unos montes que tienen mucha importancia para esta ciudad, y sabemos poco o nada de ellos.Conocer y querer la naturaleza de la sierra, andar con otro ritmo, sentir el sabor, el color, los sonidos, el silencio, los olores, en todo esto estuvo el origen del Aurrulaque, éste es el sentido que hemos querido darle cada año. En la vertiente sur de Siete Picos hay una pradera, un lugar precioso, Navarrulaque, allí acudimos todos los años. Pero antes hay que andar, hacer camino, cansarse un poco, merecerlo. Y empezar desde abajo, claro, desde el principio. Hace algunos años el Ayuntamiento y la Fundación Cultural de Cercedilla con la Agencia del Medio Ambiente de la comunidad pusieron en marcha una iniciativa a la que dieron un nombre singular, Aurrulaque. Porque se trataba de algo especial, una convocatoria que podría parecer disuasoria para mucha gente: andar por la sierra sin más, es decir, sin radios, sin parrilladas, sin neveras, sin coches. Y para algunos ir a la sierra sin este tipo de equipajes no tiene sentido. Lo importante se les queda en el camino. Pero al Aurrulaque se va con un equipaje diferente. Cada uno con el suyo, naturalmente, y con un peso distinto, intangible. . La convocatoria de Aurrulaque es una forma de animar a la gente a subir, por distintas sendas, cada uno según sus gustos o según sus posibilidades físicas, a la pradera de Navarrulaque, a ese precioso lugar en donde todavía hoy se pueden encontrar frambuesas, algún tejo e, incluso, los más exquisitos hallarán, si se lo proponen, algún ejemplar de un lirio martagón. Una vez allí, todos los que hemos llegado, cansados, unos más que otros, y felices, hacemos un gesto de amor a lo que es nuestro, sin título de propiedad, nuestro porque lo queremos. Alguien lee un manifiesto, que es una manera como otra cualquiera de dar solemnidad a un gesto, un manifiesto natural, leído naturalmente, entre amigos. Y dejamos un recuerdo simbólico, que refleja el espíritu de la convocatoria de ese año, con valor permanente, al menos para los que allí estamos. Así han quedado los miradores de Vicente Aleixandre y Luis Rosales, el monumento a los primeros caminantes de la sierra, de Pablo Maojo, el refugio de Navarrulaque y, el más reciente, "el descanso de González Bernáldez" en re cuerdo de ese profesor madrileño que fue tan buen defensor de la sierra y tan amigo de todos. Desde que empezó, hace ya unos cuantos años, el Aurrulaque de cada año ha pretendido ser una invitación a ver y a vivir la naturaleza de una forma distinta. Distinta no porque hubiésemos descubierto nada nuevo, sino más bien al contrario, distinta porque empezaba a ser poco habitual, y eso nos preocupa. Parecía que ver y vivir la naturaleza era dificil sin nevera o radio portátiles. Aurrulaque ha tratado de recordar cada año algo de esto, ha tratado de invertir esa tendencia que llevaban los tiempos, que lo habitual empezase a ser lo otro. Y creo que algo se ha conseguido. Porque hoy ese espíritu, esa forma de andar por la sierra, la observamos con más frecuencia. Es fácil de ver. Gente que llega, gente que mira, gente que habla, gente que camina, gente que descansa, gente que come y no deja huella, gente, en definitiva, que tiene una relación natural con la sierra. Algo se ha conseguido. Es verdad que al ruiseñor se lo han llevado varias veces, es verdad que los libros han desaparecido al poco tiempo de haberlos dejado. Es verdad que entre el deseo y la realidad hay una distancia. No importa, seguiremos. Porque siempre hay alguien en los miradores, y esto también. es verdad. Algo ha cambiado, con todo, para bien. Sólo hay un Aurrulaque cada año, un recuerdo, un acto simbólico, pero cada vez son más los que se montan su propio Aurrulaque durante todo el año. Hemos convertido nuestra vida en un deporte muy duro, y nos dicen que paliemos sus efectos con una bebida. Se equivocan,- el camino está en otra parte. Nos veremos en el monte, cuantas más veces mejor, y beberemos del agua de las fuentes de la sierra. Y Madrid, nuestro Madrid, se refrescará y se aireará también un poco. Que falta le hace. Agua que has de beber. Embalses del Bajo Lozoya(Por Andrés Campos 290406)
La propuesta para hoy es remontar en coche el tramo inferior del Lozoya, desde su desembocadura en el Jarama, cerca de Patones de Abajo, hasta la villa medieval y ribereña de Buitrago. A lo largo de 50 kilómetros, por quebradas y soledades escalofriantes, orillaremos embalses que almacenan más de la mitad de las reservas de agua de la región. Es como ir de gira por una carretera costera, con la ventaja de que este mar, además de verse, puede beberse. Comenzamos, pues, en Patones de Abajo, acercándonos por las alamedas donde se casan el Lozoya y el Jarama hasta el Pontón de la Oliva. Fue el primer embalse concebido para abastecer de agua serrana a la capital, aquel Madrid de mediados del siglo XIX donde 930 aguadores bastaban para subir a las casas los míseros 10 litros que se consumían por habitante y día. En un paraje espectacular, de cortados calizos donde piruetean las chovas y los escaladores, se alza el muro de 72 metros de esta presa que fue construida entre 1851 y 1857 por 2.000 reos y que, al poco, se reveló inútil por las filtraciones del terreno. Tenía su lógica y su guasa: que en una presa de presos hubiese fugas. Una carretera superpanorámica nos lleva, sobrevolando los meandros del Lozoya, hasta la presa de El Atazar. Inaugurada en 1972, esta muralla curva de 484 metros de largo por 134 de alto forma un embalse de medio billón de litros, 1.070 hectáreas y 72 kilómetros de costas; un embalse enorme, donde cabría toda el agua del resto de represamientos de la región. Otro mar aún más grande y dulce abraza el pueblo de El Atazar, que aparece tres kilómetros después, con sus casas de pizarra apiñadas alrededor de la iglesia de Santa Catalina de Alejandría. Es de jaras y huele a ládano que marea. A mano izquierda, según se entra en el pueblo, nace una carretera de tierra que conduce a Robledillo de la Jara cruzando el edénico valle del Riato. Por ella avanzaremos con sumo cuidado -no tanto por el coche, como por los paseantes y ciclistas que la frecuentan- para luego continuar, ya por asfalto, hasta Cervera de Buitrago, donde nos aguarda la vista más bella de la jornada: la de los veleros del club náutico, rodeados por un océano embravecido de montañas -sierra de la Cabrera, montes Carpetanos, Somosierra...-. De Cervera vamos a Manji-rón, pasando por la presa de El Villar, que es la más antigua (1879) de las que aún están en servicio en Madrid y la primera de su tipo (gravedad) en Europa; para más exclusividad, su primera piedra la puso el ministro de Fomento José Echegaray, luego premio Nobel de Literatura. Y de Manjirón, a Buitrago, donde acabamos la ruta contemplando desde sus murallas el embalse de Puentes Viejas, el útil Lozoya que, siete siglos antes de calmar la sed de los capitalinos, ya servía de foso.
Navegar en El Atazar- Cómo ir. Patones de Abajo, punto inicial de la ruta, a 62 kilómetros de Madrid. Tiene rápido acceso yendo por la autovía del Norte (A-1) hasta Venturada, luego por la N-320 hasta Torrelaguna y finalmente por la M-102. - Comer. El Athazar (teléfono 918 686 024): cocina casera; 15 euros. El Aprisco (Manjirón; 918 680 356): judiones con perdiz y lomo en salsa de ciruelas; 15-20 euros. El Portachuelo (Buitrago; 918 681 135): cordero, cochinillo y pescados; 25 euros. - Dormir. Los Balcones de El Atazar (El Atazar; 620 878 713): casas de arquitectura tradicional y alquiler completo; fin de semana, desde 137 euros. Posada El Aprisco (Manjirón; teléfono 918 680 356): caserón rehabilitado; doble, 52-66 euros. Los Canchos (Buitrago; teléfono 918 682 017): coqueto hotel dentro del recinto amurallado; doble, 78 euros. - Actividades. Kajuma Sport (689 204 218), Nortesport (918 687 153) y Sportnatura (918 686 104): piragüismo, windsurf y vela ligera en El Atazar. - Más información. Centro de Innovación Turística de la Sierra Norte Villa de San Roque (avenida de La Cabrera, 36; La Cabrera; 918 688 698). www.sierranortemadrid.org y www.sierranorte.com. La sierra en la edad media. Camino de vueltas viejas (Puerto de Navacerrada)(Por Andrés Campos 281006)
Antes de que se construyera la carretera del puerto de Navacerrada, lo cual se hizo entre 1778 y 1788 sobre planos de Juan de Villanueva, los pocos que cruzaban este paso para ir a Valsaín no bajaban apoyándose en la ladera de la izquierda -la de los Cogorros y la Machorra-, como hace aquélla, sino en la de la derecha, buscando el cauce del arroyo de los Puentes. Esta zigzagueante vía medieval -que se conoce con el nombre de Vueltas Viejas para distinguirla de la nueva, la de las Siete Revueltas- es la que hoy vamos a rastrear atravesando algunos de los rincones más bellos y agrestes del pinar de Valsaín en una soledad absoluta, pues si antaño se usaba poco este camino, ahora menos. Como punto de partida, tomaremos el último aparcamiento del puerto de Navacerrada, el que está a 500 metros yendo hacia Cotos. Desde su esquina, por donde desagua una tajea, descenderemos en perpendicular a la carretera hasta distinguir, unos 50 metros más abajo, el borroso trazado del viejo camino, que seguiremos hacia la derecha sorteando los pinos que lo han colonizado y la vía del ferrocarril eléctrico del Guadarrama, que le pasó por encima en 1964, cuando la línea se amplió del puerto de Navacerrada al de Cotos. Al poco de cruzar la vía férrea, el camino describe las vueltas y revueltas que le dieron nombre, luego enfila recto hacia el arroyo de los Puentes, lo cruza y lo acompaña aguas abajo hasta desembocar en una pista asfaltada. Unos metros antes de ésta, como a tres cuartos de hora del inicio, habremos visto un rodal de álamos temblones en un cercado y, a su vera, las ruinas de la casa de postas de El Barracón, citada en textos del siglo XVIII. Bajando por la pista -que coincide, grosso modo, con el viejo camino-, y doblando a la izquierda en la primera encrucijada, saldremos a la carretera del puerto como a una hora y media del inicio. Medio kilómetro más abajo, frente a una antigua casa de peones camineros, se desvía a la izquierda otra pista forestal asfaltada, por la que avanzaremos entreviendo, a través de la fronda pinariega, el puente dieciochesco de la Cantina, al lado del cual estuvo la no menos histórica venta de los Mosquitos, de nombre prometedor. Tras casi dos horas de marcha, llegaremos a un puente sobre la junta de los arroyos Minguete y del Telégrafo, que es donde, según los mapas, comienza el Eresma. Aquí abandonaremos el asfalto para seguir por la orilla del río, cual hacía la antigua vía, hasta la Boca del Asno, en cuyo aparcamiento habremos dejado previsoramente un coche, porque hacer el camino de Vueltas Viejas de vuelta, además de una redundancia, es una paliza.
Tres horas de bajada- Cómo ir. El puerto de Navacerrada, inicio de la ruta a pie, dista 60 kilómetros de Madrid yendo por la A-6 y desviándose en Collado Villalba por la M-601. El paseo acaba en el área recreativa de la Boca del Asno -a nueve kilómetros del puerto bajando por la CL-601-, donde habrá que dejar un segundo vehículo para ahorrarse el camino de vuelta. - Datos de la ruta. Duración: tres horas, sólo ida. Longitud: 11 kilómetros. Desnivel: nulo (es todo bajada). Dificultad: media-baja. Camino: travesía por sendas y pistas forestales, sin señalizar. Cartografía: mapa Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde. - Comer. Casa Hilaria (teléfono 921 470 292): judiones de La Granja, cochinillo asado y ponche segoviano; precio medio, 30 euros. El Torreón (teléfono 921 470 904): especialidad en asados; 30 euros. Los Esquiadores (teléfono 921 470 119): crêpes, fondues y raclettes; 20 euros. - Dormir. El Jardín de la Hilaria (teléfono 921 478 042): centro de turismo rural con bonitas suites abuhardilladas y spa; doble, 75-80 euros. La Chata (tel.: 921 472 109): hotelito de nueva construcción, con vistas al pinar; doble, desde 48 euros. Cabañas de Valsaín (tel.: 921 470 548): chalés de madera para cuatro personas; fin de semana, 230-275 euros. - Más información. Centro Nacional de Educación Ambiental (paseo José María Ruiz-Dana, s/n; Valsaín; tel.: 921 471 711; www.mma.es/ceneam).
Cabeza Líjar. La cima estratégica del Guadarrama (desde La Jarosa)(Por Andrés Campos 020906)
Cabeza Líjar es una montaña de 1.824 metros de altura que sirve de puntiaguda frontera entre Madrid, Segovia y Ávila; una cumbre estratégica, dominadora del puerto del León, que se disputaron con especial fiereza las fuerzas republicanas y las sublevadas en el verano de 1936, hace exactamente 70 años. Además de recordar la Guerra Civil -difícil no hacerlo, habiendo un búnker en la cima-, la ascensión a Cabeza Líjar nos va a permitir conocer los pinos más viejos de Madrid, alguno de 500 años, y gozar de una excelente vista panorámica, que para eso hay instalado, sobre el bélico refugio, un redondo mirador.
Nuestro paseo comienza en el embalse de la Jarosa, a dos kilómetros del pueblo de Guadarrama, siguiendo la carreterilla que bordea el muro lateral de contención y se bifurca a los pocos metros. Por el ramal de la derecha, también asfaltado pero vedado al tráfico, ascendemos cómodamente a la sombra del pinar. Y así, en unos tres cuartos de hora, arribamos a una pradera grande y con fuente, donde se unen los arroyos de la Chorrera y de los Álamos Blancos formando, cuando llevan agua, una hermosa cascada. Dejando atrás esta pradera, proseguimos nuestra andadura por la vía asfaltada, la cual remonta con fuerte pendiente el vallejo del arroyo de los Álamos Blancos y, luego de cruzarlo, zigzaguea. Mucha atención porque, 300 metros después de la última revuelta -una hora y media desde el inicio-, debemos abandonar el asfalto para desviarnos a la derecha por una pista de tierra señalizada con un número 5 de color rojo sobre una roca. Por este nuevo camino, llegamos un cuarto de hora más tarde a la pradera del Asiento del Roble, que esmaltan las florecicas malvas del azafrán serrano. Tomando poco después un desvío a la izquierda, salimos a la carretera (en este tramo, sin afirmar) que va del puerto del León a Peguerinos. Con ella subimos cerca de un kilómetro, hasta el collado de la Gasca, desde donde, siguiendo las marcas de pintura blanca y roja del sendero GR-10, ya por la misma cresta, nos plantamos en la cumbre como a tres horas del comienzo. Encaramados en el mirador de Cabeza Líjar, sobre la antigua fortificación militar, divisamos medio Sistema Central, desde Peñalara hasta los más altos picos de Gredos. Al norte y a poniente, se extienden los pinares de El Espinar y los que dicen Llanos, de Peguerinos; mientras que al mediodía, por donde hemos subido, lo hacen los venerables bosques de pino resinero, laricio y albar que ciñen el embalse de la Jarosa y la cruz del vecino Valle de los Caídos, otro recuerdo de la guerra.
Paseo largo y con desnivel- Cómo ir. Guadarrama dista 47 kilómetros de Madrid y tiene cómodo acceso por la carretera de A Coruña (A-6). Una vez en el pueblo, hay que seguir las indicaciones viales hasta el embalse de la Jarosa, que dista dos kilómetros del casco urbano, y aparcar en el primer estacionamiento, junto al muro lateral de contención. - Datos de la ruta. Duración: cinco horas (incluida la vuelta por el mismo camino). Longitud: 18 kilómetros. Desnivel: 725 metros. Dificultad: media-alta. Camino: pistas forestales asfaltadas y de tierra, sin señalizar, y sendero GR-10, marcado con trazos de pintura blanca y roja. Cartografía: mapa Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde. - Comer. El Molino (teléfono: 627 46 86 12): cordero asado en horno de leña, en un molino de 1749; precio medio, 50 euros. La Chimenea (teléfono: 91 854 29 36): carnes rojas a la brasa; 40 euros. Sidrería Gasteiz (teléfono: 91 854 12 93): especialidad en carne de buey a la parrilla; 25-30 euros. La Sopa Boba (teléfono: 91 850 63 70): cocina casera con toques creativos y una buena selección de vinos; 20 euros. - Dormir. San Francisco de Asís (teléfono: 91 854 14 54): en la subida al puerto, habitaciones y casitas independientes de piedra y madera; doble, 56 euros. González (teléfono: 91 854 31 51): pensión céntrica y confortable frente al renovado parque municipal; doble, 36 euros. - Más información. Ayuntamiento de Guadarrama (plaza Mayor, 5; teléfono: 91 854 00 51).
Cuando Madrid hablaba latín. Yacimientos romanosUn paseo por los principales restos y vestigios visitables del Imperio Romano en la Comunidad (Por Andrés Campos 120107)
Dos vías empedradas, una escuela para ricos del siglo IV después de Cristo y los espectaculares mosaicos del Museo Arqueológico Regional son los mejores recuerdos que se conservan en la región de tiempos de los romanos. La visita al yacimiento de Carranque (Toledo), donde en los últimos años se ha exhumado la suntuosa villa de uno de los personajes más influyentes de la corte de Teodosio el Grande, completa este viaje al corazón de Hispania. - Calzada de la Fuenfría. Para un madrileño que se precie, pocas emociones hay que puedan compararse con la de hollar el pulido pavimentum de esta vía bimilenaria que culebrea por uno de los más bellos pinares del Guadarrama, bajo la silueta aserrada de Siete Picos y la cónica del Montón de Trigo. Construida por Vespasiano (siglo I) y remozada por Felipe V, la calzada salva en algo menos de cuatro kilómetros los 400 metros de desnivel existentes entre las praderas de las Dehesas y el puerto de la Fuenfría. Los puentes romanos del Descalzo y de Enmedio jalonan este paseo de una hora y cuarto de duración; un paseo que, para más comodidad, está señalizado con marcas de pintura blanca en los árboles y del que se proporcionan folletos en el centro de educación ambiental Valle de la Fuenfría (carretera de las Dehesas, kilómetro 2, Cercedilla; teléfono 918 522 213) (www.pueblos-net.com/cercedilla). - Calzada de las Machotas. A diferencia de la anterior, que era una calzada principal procedente de Segovia, ésta era una vía secundaria, algo así como una carretera comarcal que iba por el pie de la sierra, sin cruzarla. Secundaria en importancia, pues permite acercarse de Zarzalejo a El Escorial paseando entre prados poblados por fresnos; muy cerca se erizan las tetas graníticas de las Machotas, que dan nombre a la calzada; al fondo, lo hacen las torres del monasterio de San Lorenzo y las cumbres del alto Guadarrama. Diversos mojones y tramos enlosados salpican el camino, que arranca en Pajares y se prolonga por espacio de cinco kilómetros hasta El Escorial, donde cabe coger el tren para regresar a Zarzalejo o a Madrid. Los más andarines pueden dar una vuelta de 14 kilómetros (tres horas y media), visitando también la silla de Felipe II (www.la-almenara.com). - Casa de Hippolytus. Hace 1.600 años era una escuela para los hijos de papá de Complutum, la Alcalá de Henares romana, con ricos mosaicos, termas, capilla consagrada a Diana cazadora y jardín orientalizante con animales exóticos, como los pelícanos, que estaban para ser estudiados y para hacer bonito. Hoy es el yacimiento más curioso de la ciudad, acondicionado con pasarelas elevadas, una escena de pesca en la que aparecen 22 animales distintos: delfines, pulpos, erizos, peces-globo, langostas, sierpes, morenas... Lo firmó un tal Hippolytus, esclavo o liberto de la familia de los Annios que difícilmente pudo sospechar que los arqueólogos acabarían usando su nombre para bautizar un colegio de pijus. La Casa de Hippolytus está entrando en Alcalá, junto al polideportivo El Juncal. Horario: martes a viernes, de 10.00 a 14.00; sábados y domingos, de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 19.00. Entrada gratuita. Más información en el teléfono 918 771 750 y en www.complutum.com. - Museo Arqueológico Regional. El antiguo convento alcalaíno de la Madre de Dios, fundado en 1624, alberga desde 1999 este museo donde pueden verse algunos de los más bellos vestigios de Complutum: desde una pequeña escultura de Diana hasta un enorme mosaico que representa la lucha entre Aquiles, el héroe griego, y Pentesilea, la reina de las Amazonas. En el viejo claustro hay instalado un jardín de antigüedades al estilo de los museos tradicionales del mundo romano. A un lado, en un mosaico, vemos a Baco abrazado a un sátiro negro. Al otro, varias estelas funerarias con su filosófica despedida: sit tibi terra levis, que la tierra te sea leve. Así era la vida y la muerte en Madrid cuando se hablaba latín. El museo abre sus puertas en la plaza de las Bernardas de Alcalá con el siguiente horario: martes a sábado, de 11.00 a 19.00; domingos y festivos, de 11.00 a 15.00. La entrada es gratuita. Tel.: 918 796 666 (www.madrid.org). - Parque Arqueológico de Carranque. En 1983, Samuel López, vecino del pueblo toledano de Carranque, estaba arando a orillas del Guadarrama cuando se topó con la villa de Materno Cinegio, una morada digna del que fue valido del emperador hispano Teodosio, con mil metros de estancias alicatadas con mosaicos: el rapto de Hilas, el baño de Diana, la devolución de Briseida a Aquiles...Además, la choza tenía bodega, calefacción y agua corriente, un agua que caía sobre el barbudo Oceanus, su más bello mosaico. A dos pasos están los restos de un ninfeo, o fuente ornamental, y los de una basílica, el templo cristiano más antiguo de Hispania. Y está el río Guadarrama, que, con su corte de alisos, tarayes, álamos y junqueras justifica, por sí solo, el viaje. Puede visitarse todos los días, excepto lunes, de 10.00 a 18.00. Entrada, 4 euros. Tel.: 925 592 014 (www.jccm.es/cultura/parques/carranque).
05. LOS MEJORES PINARES (O CASI) DE LA SIERRAGarganta de El Espinar (Por Andrés Campos 200506)
Antonio Saénz de Miera no entendía, cuando era un niño en Cercedilla, por qué en el vecino pueblo segoviano de El Espinar había banda de música y en el suyo nones. Hasta que un día su padre le abrió los ojos: porque tienen mejores pinares. Y es que, salvo los más pequeños, todo el mundo en la sierra sabe que, después de los de Valsaín, los de El Espinar son los mejores pinares, los de madera más apreciada por los tratantes. Explotados desde tiempos medievales, de ellos salieron cientos de miles de pinos albares para las obras de la corte y los reales sitios; sólo en 1579, se labraron aquí 2.430 vigas para las cubiertas del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. No es de extrañar, pues, que los hacheros locales fueran solicitados por su gran experiencia para trabajar en los bosques de El Paular y Valsaín, ni que la primera escuela de prácticas para ingenieros de montes de España se estableciese en 1859 en la Garganta de El Espinar. Rodeada por las crestas de la Mujer Muerta, el Montón de Trigo y la Peñota, y surcada por las aguas recién nacidas del río Moros, la Garganta es un valle que, además de por sus pinos, destaca por su amplitud -su perímetro montañoso ronda los 60 kilómetros- y sus excelentes pistas forestales, algunas de ellas asfaltadas, lo cual lo hace apropiado para ser recorrido en bici. Y eso es lo que vamos a hacer hoy, usando como punto de partida la estación de tren de El Espinar, a la entrada misma del valle. Enfrente de la estación, al otro lado de las vías, pasa la carretera de la Garganta, que nos va a llevar en un suave ascenso de dos kilómetros hasta el área recreativa de La Panera, donde, junto a merenderos y piscinas, asoman las ruinas de antiguas ventas camineras. En una de ellas, la del Cornejo, fue donde el Arcipreste de Hita se topó, una mañana de principios del siglo XIV, con la serrana Menga Lloriente, la cual estaba en ese instante -confirmando lo dicho sobre la temprana explotación de estos montes- cortando un pino. Tres kilómetros más adelante, tras cruzar el río y una portilla metálica, la vía asfaltada se bifurca. Tiraremos entonces por el ramal de la izquierda, que enseguida se torna pista de tierra, para acometer una ascensión algo más pronunciada por las faldas de la Mujer Muerta, entre manadas de corzos confianzudos y orfeones de cucos, que esto, más que un pinar, parece una relojería. Siempre por la pista más trillada, rodearemos los embalses de las Tabladillas y del Vado de las Cabras -este último, situado ya en la cabecera del valle, muy cerca de las fuentes del río Moros- y descenderemos largamente por la ladera contraria hasta conectar, en el kilómetro 19, con el ramal de la vía asfaltada que desechamos casi al principio. Trece kilómetros más, siguiendo este firme, y estaremos de nuevo en la estación de El Espinar.
Ruta en bici- Cómo ir. La estación de El Espinar, punto inicial de la ruta, dista 64 kilómetros de Madrid yendo por la A-6 hasta San Rafael y siguiendo luego las indicaciones viales. - Datos de la ruta. Duración: dos horas y media. Longitud: 32 kilómetros. Desnivel: 450 metros. Dificultad: baja. Camino: circuito por pistas forestales asfaltadas y de tierra, sin señalizar. Cartografía: mapa Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde. - Comer. La Terraza (921 188 103): junto a la estación de El Espinar, platos de caza y especialidades regionales; 15-20 euros. La Brasería (San Rafael; 921 171 790): carnes a la parrilla; 25-30 euros. Mesón de Jesús (Otero de Herreros; 921 483 040): cordero y cochinillo; 25-30 euros. - Dormir. Buenavista (636 316 588): casa de alquiler para 10/15 personas en una finca atravesada por el río Moros; fin de semana, 520 euros. Siete Picos (921 181 084): 23 habitaciones en un pinar a las afueras de El Espinar; doble, 54 euros. La Cigüeña (921 182 388): hostal céntrico, acogedor y con buenas vistas; doble, 38 euros. Los Labradores (921 171 333): chalé de tres habitaciones, con chimenea y terraza, en pleno campo; fin de semana, 230 euros. - Más información. Oficina de Turismo de El Espinar (plaza de la Constitución, 1; 921 181 342). Y en www.segoviasur.com. DESCRIPCIÓN OROGRÁFICA DE LA SIERRADESCRIPCIÓN OROGRÁFICA DE LA SIERRA [1] La Sierra de Guadarrama está formada, en líneas generales, por una cadena montañosa orientada en dirección N.E.- S.W., con sus correspodientes estribaciones de apoyo y algunos cordales secundarios, que divide de forma natural ambas mesetas castellanas, separando la provincia de Madrid de las de Avila, Segovia y, también en parte, Guadalajara. La cumbre más alta de la Sierra es el pico de Peñalara con sus 2.430 metros de altura. En la zona de Siete Picos, la estructura de ls sierra se reduce simplemente al cordal principal. Desde aquí hacia el suroeste ya no se vuelven a sobrepasar los 2.000 metros de altura. La meseta segoviana,al pie de la sierra, es más alta que la madrileña (800 frente a 600 metros), lo que determina desniveles más cortos hacia el norte que hacia el sur. Si a esto unimos el basculamiento general de la sierra, en épocas geológicas, hacia el sureste, las vertientes nortes resultan también más suaves que las que dan hacia Madrid. Así ocurre que. Contrariamente a lo que es habitual en otras cadenas montañosas, en nuestra sierra las grandes paredes y los cortados más bruscos dan al sur y no al norte: paredes sur de la Peñota, Siete Picos, Maliciosa; hoyas de Peñalara, Claveles, la Sabuca, Cuerda Larga; vertiente sur de la Cabrera;... La estructura de la sierra, relativamente simple, está constituida por un cordal principal que va desde el Puerto de Somosierra hasta el de San Juan de Malagón, con un único punto de inflexión en los Siete Picos, complicándose ligeramente con una serie de cordales secundarios, de menor entidad, de los que vamos a considerar:
[1] Por Domingo Pliego, de su libro GUÍA DIDÁCTICA DE LA SIERRA DE MADRID. Ediciones La Librería
EL CORDAL PRINCIPAL[1] A lo largo del cordal principal de la sierra, en el tramo comprendido entre el San Benito, junto al puerto de San Juan de Malagón, y el pico Tres Provincias, que está próximo al puerto de Somosierra, se encuentran las siguientes cumbres y puertos, por orden sucesivo:
01. EL PAISAJE EN GENERALEL PAISAJE EN GENERAL[1]
La Sierra de Guadarrama presenta, en líneas generales, un apacible paisaje de suaves y redondeadas cumbres, y solamente en algunas zonas se dan las laderas abruptas, paredes acantiladas, o cresterías de canchales que puedan recordar la “alta montaña”, como ocurre en la cara sur de Siete Picos, la de la Maliciosa, la cresta de Claveles, o la pequeña sierra de la Cabrera, de escasa altura, pero de impresionante aspecto por su vertiente sur. La estructura de la Sierra es bastante simple, y las excursiones se reducen casi siempre a una única cuesta arriba, para alcanzar una cumbre, y a una sola bajada para volver. Cuando se trata de “travesías”, suelen hacerse a lo largo de alguno de los cordales de la Sierra, o cruzándola por algún puerto o collado. La vegetación arbórea, predominantemente de pinos, con su estrato arbusivo correspondiente, cubre las laderas hasta los dos tercios de su altura, y solamente las cumbres de más de 2.000 metros de altura, salvo raras excepciones, sobresalen por encima del pinar. Los valles suelen estar cubiertos de arbolado y aparecen surcados por multitud de arroyos, dándose con frecuencia las praderas entre el arbolado, como ocurre con las famosas Dehesas de Cercedilla, Navarrulaque, Majalsana, de la Fuenfría, Navalhorno, Navalazor, Navalaviento, Navalusilla, y tantas otras con o sin nombre propio. En primavera suelen correr todos los arroyos y fuentes, que se secan durante el verano en su mayor parte, siendo entonces difícil encontrar agua para beber. Como tónica general, desde la línea de cumbres se dominan amplísimas panorámicas sobre alguna de las dos Castillas, o sobre las dos a la vez. También se divisan varios embalses, sobre todo hacia la llanura madrileña y valle del Lozoya, cuya vista siempre resulta relajante. Cabe destacar varias zonas particularmente interesantes, entre las que se encuentran las siguientes:
[1] Por Domingo Pliego, de su libro GUÍA DIDÁCTICA DE LA SIERRA DE MADRID. Ediciones La Librería
04. PASEAR POR EL CIELO. Ruta de los Tres Puertos (Cotos, Navacerrada, Fuenfría)(Por Andrés Campos 030606) Unir los puertos de Cotos, Navacerrada y Fuenfría, caminando por todo lo alto, es una paseata que, por su duración -siete horas, sin contar la de comer ni, claro está, la de la siesta-, sólo puede acometerse en los días largos y aún no demasiado calurosos de junio, justo cuando el piorno amarillea en las crestas de la sierra, suavizando los agrios repechos con su aroma dulzón. Ese aroma, mezclado con el que sube del pinar de Valsaín, que hoy vamos a llevar en todo momento a nuestros pies, es la fragancia típica del Guadarrama. Si alguien nos preguntara a qué huele el cielo, le diríamos que, en Madrid, huele así. Emprenderemos la larga marcha en Cotos (altitud, 1.848 metros), subiendo por la loma que se alza entre la carretera que viene de Navacerrada y la que lleva a Valdesquí. Al comienzo de esta loma -que se llama del Noruego, en recuerdo de Birger Sörensen, primer esquiador de la sierra allá en los albores del siglo XX-, veremos uno de los cotos o mojones que mandó colocar Carlos III en 1761 para acotar su pinar de Valsaín y que, desde entonces, dan título al puerto. Y al final, tras dos horas de ascensión, las antenas rojiblancas de la Bola del Mundo, el repetidor de televisión que -además de feo, ladrón- le ha quitado el nombre, para poner el suyo, al alto de las Guarramillas (2.268 metros). En media hora más, por una carreterilla de cemento, bajaremos al puerto de Navacerrada (1.860 metros), desde donde, siguiendo la pista del Telégrafo, treparemos a Siete Picos, el macizo más reconocible de la sierra, con su pléyade de cimas graníticas quebrantadas por mil rayos. En el séptimo pico -el más cercano al puerto, pues se numeran en orden inverso a nuestra marcha, de oeste a este-, descubriremos el vértice geodésico que señala la máxima cota del macizo (2.138 metros). En el tercero, nos asomaremos a la legendaria Ventana del Diablo. Y, al llegar al segundo, doblaremos a la derecha para descender, por una empinada trocha marcada con hitos, al collado Ventoso (1.896 metros; cinco horas). Por el collado Ventoso pasa, procedente del valle de la Fuenfría, el camino Schmid. Avanzando a la derecha por esta archifamosa senda y luego a mano contraria por la de los Cospes -ambas señalizadas con letreros de madera y círculos de pintura amarilla-, llegaremos al puerto de la Fuenfría (1.796 metros) tras cinco horas y media de marcha. Antes habremos catado la fuente de la que recibe su bautismo el paso, la cual, en efecto, da un agua muy fría, a unos seis grados en pleno verano, ideal para coger un pasmo. Para volver a la civilización, ya sólo nos quedará bajar por la calzada romana, con rumbo sur, a las Dehesas de Cercedilla, y de allí, por la orilla de la carretera, a la estación de tren.
En tren o autobús- Cómo ir. Cotos dista 69 kilómetros de Madrid yendo por la A-6 hasta Villalba, para seguir por la M-601 hasta el puerto de Navacerrada y luego a la derecha por la SG-615. Como la ruta a pie empieza en Cotos y acaba en Cercedilla, lo mejor es olvidarse del coche y usar los trenes de Cercanías (Renfe, teléfono: 902 24 02 02) o los autobuses de Larrea (teléfono: 913 98 38 05), que comunican bien ambos lugares. - Datos de la ruta. Duración: siete horas (sólo ida). Longitud: 21 kilómetros. Desnivel: 700 metros. Dificultad: alta. Camino: travesía por las cumbres, sin una señalización específica. - Cartografía: mapa Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde. - Comer. Pasadoiro (Puerto de Navacerrada; teléfono: 918 52 14 27): judiones con chorizo, cochinillo segoviano y postres caseros; 20 euros. El Corzo (Puerto de Navacerrada; teléfono: 918 52 11 00): arroz con bogavante, secreto ibérico con torta del Casar y sopa de fresón con helado de maracuyá; 30-40 euros. - Dormir. Peña Pintada (Cercedilla; teléfono: 918 52 20 62): típico caserón serrano junto a la estación, con bar, chimenea, terraza y jardín; doble, 62 euros. Los Castaños (Cercedilla; teléfono: 918 52 17 98): casa de finales del siglo XIX, especializada en turismo de salud (masajes, dietas, meditación...); 60 euros. - Más información. Casa del Parque Los Cotos (teléfono: 918 52 08 57). Centro de educación ambiental Valle de la Fuenfría (teléfono: 918 52 22 13). 03. UN REFRESCANTE PASEO DE REYES (Valsaín)Puentes Históricos del Eresma (Andrés Campos 290706)
Se cuenta que cierto día Felipe IV preguntó si en Valsaín había olivas. Y que el bufón llamado Barbarroja le respondió: "Señor, ni olivas, ni olivares", maliciosa alusión al privado del rey, el conde-duque de Olivares, que le costó ser desterrado a Sevilla.
No, en Valsaín no hay olivas, ni olivares. Hay pinares de pino silvestre y praderas verdes todo el año. Hay un río bravo, el Eresma, nacido en la gélida umbría de Siete Picos. Y hay, sobre él, varios puentes que usaban los reyes cuando venían a cazar y pescar a este valle segoviano. Cuatro de ellos -el de Valsaín, el de los Canales, el de Navalacarreta y el de los Vadillos- se pueden ver dando un paseo. El primero se halla en el mismo pueblo de Valsaín y es un puente de un solo ojo labrado en el siglo XVI, al que las sucesivas reformas le han arrebatado el encanto de la sencillez, ensanchándolo, elevando su rasante y plantándole encima una carretera asfaltada. Peor suerte corrió la cercana Casa del Bosque, antiguo pabellón de caza de los Reyes de Castilla que Felipe II transformó en un palacio de ladrillo rojo y tejado de pizarra, al estilo flamenco, y que desde que ardió, tres siglos ha, es una pura ruina, al estilo español. Iniciaremos nuestra andadura por la orilla izquierda del Eresma, avanzando aguas arriba a través de una magnífica pradera -conocida como El Parque- para llegar en un cuarto de hora al puente de los Canales, que también es acueducto y quizá por eso muchos lo creen romano, como el de Segovia. Sin embargo, viendo que en la clave de su arco de nueve metros de luz campea un águila bicéfala, se le adjudica a Carlos I. Por su aéreo caz de madera corría, procedente del arroyo de Peñalara, el agua con que se abastecían los estanques y fuentes de la Casa del Bosque, la que se quemó. Como a una hora del inicio, después de pasar frente al área recreativa de los Asientos, descubriremos el puente de Navalacarreta, una obra excesiva y asaz defectuosa, con tres ojos de distinto tamaño y factura, uno de ellos cegado y otro situado a tal distancia del cauce, que no es probable que cate nunca el agua. Prestaba servicio al antiguo camino de Madrid, predecesor de la actual carretera del puerto de Navacerrada, proyectada por Juan de Villanueva en 1778. Otro puente encontraremos al llegar a la Boca del Asno, pero éste moderno, de madera. Y por último, al cumplirse dos horas de marcha, arribaremos al puente de los Vadillos, que es de tablas, sobre pilas y estribos de piedra, y fue diseñado por el segoviano Pedro de Brizuela en el siglo XVII. Celebrando que está perfectamente restaurado lo cruzaremos para regresar a Valsaín por la margen contraria, la derecha.
Cocina castellana o francesa- Cómo ir. Valsaín (Segovia) dista 74 kilómetros de Madrid yendo por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Villalba, desviándose aquí hacia el puerto de Navacerrada (M-601) y bajando luego en dirección a La Granja (CL-601). - Datos de la ruta. Duración: cuatro horas. Longitud: 12 kilómetros. Desnivel: 100 metros. Dificultad: baja. Camino: itinerario circular por sendas de pescadores, sin señalizar. Cartografía: mapa sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde. - Comer. Casa Hilaria (Tel. 921 470 292): judiones de La Granja, cochinillo asado y ponche segoviano; precio medio, 30 euros. Los Esquiadores (Tel. 921 470 119): crêpes, fondues y raclettes; 20 euros. - Dormir. El Jardín de la Hilaria (Tel. 921 478 042): centro de turismo rural con preciosas suites abuhardilladas y spa; doble, 75-80 euros. Cabañas de Valsaín (Tel. 921 470 548): chalés de madera para cuatro personas; fin de semana, entre 230 y 275 euros. - Actividades. Centro de Interpretación de la Boca del Asno (Tel. 921 120 013): paseos guiados gratuitos por el pinar de Valsaín. - Más información. Centro Nacional de Educación Ambiental (paseo de José María Ruiz-Dana, s/n; Valsaín; Tel. 921 471 711; www.mma.es/ceneam). 02. SUBIDA HASTA EL CANCHO DE LA CABEZA. Una tranquila excursión que conduce hasta una de las cumbres menos conocidas y visitadas de la región de Madrid(Por Alfredo Merino)
PATONES DE ARRIBA.- Apenas han dado las nueve y ya resuenan los pasos de los turistas por las pinas callejas que mueren entre ruinas y cercados. Hace unos años, los pocos vecinos que aguantaban en Patones vendían en el salón de su casa blanquecinos trilobites con las migajas de tierra aún pegadas a sus pliegues. Aquellos tiempos pasaron y en los solares arruinados brotan casi a diario anticuarios, galerías de arte, casas rehabilitadas y restaurantes. Ahora se siguen vendiendo fósiles en Patones, pero quién sabe de dónde vienen. Como en tantos otros sitios, los orgullosos patones han abierto los brazos a la invasión del turismo de masas. No habrán pasado dos horas y esto parecerá el Rastro. Dejar el coche, un milagro; como mínimo, a un kilómetro del pueblo. Huyendo de la barahúnda, pasa el caminante bajo la iglesia y, al verla, no deja de considerar si los extraños elementos que le han clavado en la torre son parte de una rehabilitación o más bien de un castigo. Ya en el riachuelo que lame los pies de pizarra del pueblo, se sigue un sendero que tras pasar una represa se adentra por la barranquera. Unas señales se marchan hacia la izquierda, pero nuestra ruta sigue por un ancho camino que deriva hacia la derecha. La primera parte no tiene mayor misterio que recorrer el solitario barranco de Patones, sin hacer caso a los caminos que se abren a sus lados. Algunas señales blancas y amarillas acompañan al principio, pero luego desaparecen misteriosamente. A medida que se sube, el cauce se angosta y las laderas se ciernen sobre el hilo de agua que se esconde entre grandes escobas y jarales. En el solano montuno, las techumbres de las majadas refulgen en medio de una vegetación aún sumida en el triste invierno. Gira el rodal y ofrece el regalo de una diminuta alameda. Como si tuvieran miedo de haberse perdido, sus cuatro árboles aparecen muy juntos, a la vera del regato. Desde hace un buen trecho, el camino está surcado por rodadas que en algunos puntos han erosionado el terreno, abriendo surcos en el barro. Ya bajo el collado de Las Palomas, un lejano bramido confirma nuestros temores. Al poco tiempo un grupo de motos se aproxima. Al pasar junto al excursionista, saludan exultantes, sintiéndose centauros poderosos. Y se pierden por el otro lado del monte, tal vez sin darse cuenta del daño que causan. Para hacer nombre al topónimo, un bando de torcaces cruza el collado y se sumerge en las profundidades que llevan al Atazar. Una ancha pista se lanza a conquistar la ladera de la derecha. Tras un fuerte repecho llega a un collado. Desde aquí se ve la solitaria cumbre del Cancho de la Cabeza. El camino no tiene pérdida. Una corta bajada y otra breve subida nos plantan en hora y media en una de las atalayas más desconocidas de Madrid. Hacia poniente, los cantiles de La Cabrera batallean con los negros nubarrones, mientras que en el sur sobre las parameras de Uceda cae mansa la lluvia. En el norte, tras el abismo del Atazar, la lejana Somosierra. Tras bajar de la cimera, la pista lleva a otra que gira a mano izquierda. La seguiremos hasta que llega a un olvidado sembrado del que aún brotan algunas espigas yermas. Siempre hacia el sur, transita entre las amplias lomas que se despeñan por abruptas vallejaras, acaso jamás recorridas por nadie. Datos prácticos
Cómo llegar.- Desde Madrid, por la autopista A-1 y carretera nacional 320 hasta Torrelaguna. En esta localidad tomar la M-102, hasta Patones de Abajo. En medio de este pueblo, una desviación conduce en 4,5 kilómetros a Patones de Arriba. Horario.- Unas tres horas para el conjunto de toda la ruta es un tiempo que se considera normal. Indicaciones.- En todo momento se transita por caminos y pistas, por lo que la marcha no reviste especial dificultad. La única consideración que merece esta ruta es la propia del tiempo. Tras días de lluvias, el riachuelo que discurre junto al camino durante toda la primera parte, se desborda, siendo preciso recorrer cortos tramos inundados. Por ello es conveniente llevar calzado impermeable. Valores naturales.- Ruta variada que discurre por diferentes escenarios. Entre ellos destaca la primera parte, que transita por un nada alterado curso de media montaña y la última, por solitarias parameras. Lo escaso visitado del lugar hace que no sea difícil descubrir diferentes especies. Liebre, buitre, águila real, milano, cárabo y chotacabras son algunas. Dónde comer.- Entre la notable oferta de Patones de Arriba, El Rey de Patones, un clásico de la zona. (Teléfono: 843 20 37). 01. DIRECTO AL PASADO. Camino viejo de TabladaCamino Viejo de Tablada. Este importante paso medieval entre Madrid y Segovia yace olvidado cerca del puerto de Guadarrama (Por Andrés Campos)
Tablada es un lugar donde no vive nadie, donde no sucede nada y donde no se sabe por qué, desde los tiempos de Cascorro, tiene una parada el ferrocarril Madrid-Segovia, la última antes de atravesar la sierra por el túnel de Guadarrama. Aunque parar, lo que se dice parar, sólo lo hacen dos trenes al día, uno por la mañana y otro por la tarde, para inmenso estrés de un jefe de estación que debe de poseer el récord mundial de bostezos consecutivos. Entre los raíles orinientos de una vía muerta, afloran los verbascos. Cerca, inquietan las ruinas de un sanatorio para tuberculosos. "Lejos, Madrid se otea". Todo muy melancólico y como en el poema de Machado. Parado en el andén de losas descabaladas, el excursionista no puede reprimir un escalofrío al pensar que lo que hoy es un apeadero alto y fantasmal antaño fue una venta cálida y bulliciosa por la que pasaban muchos de los viajeros que cruzaban esta sierra. El más recordado de todos, el arcipreste de Hita, quien es fama que hacia 1330 se topó aquí con Aldara, la serrana fea de Tablada. En el Libro de buen amor, el cachondo de Juan Ruiz da cuenta de las excesivas pretensiones de su posadera (a cambio de joyas, le dice ésta: "Serás bien venido, / serás mi marido / y yo tu velada"), así como de sus no menos desproporcionados atractivos: "Tenía en el justillo las sus tetas colgadas, / dábanle en la cintura porque estaban dobladas, / que, de no estar sujetas, diéranle en las ijadas...". Lo que no cuenta con tanto detalle es por dónde iba el camino medieval. No obstante, se sabe que no seguía el trazado de la N-VI, por la sencilla razón de que ésta no se trazó hasta 1749. Y se supone, por los pocos restos que quedan, que discurría al este de la actual carretera y cruzaba la divisoria por un puerto -el viejo de Tablada, hoy collado del Arcipreste o de la Sevillana- a un kilómetro del alto del León. Pero la verdad es que todo esto, sobre el papel, es difícil de explicar y más aun de entender. Y lo mejor, según cree el excursionista, es intentar rastrear paso a paso el camino histórico partiendo de Tablada, antigua venta y moribundo apeadero. Con esa intención, el excursionista sale del apeadero subiendo por la carreterilla que lo comunica con la N-VI y, cien metros antes de desembocar en ésta, se desvía a la derecha para colarse por una portilla metálica en una cañada de ganados. Ascendiendo por este ancho corredor de hierba entre pinares, pronto reconoce la huella serpenteante del viejo camino, en cuyos recodos aprovecha para recuperar el aliento y admirar el panorama de todos los prados que alfombran Guadarrama y Los Molinos, y de todas las montañas que se alzan entre la sierra del Hoyo y la Bola del Mundo. A la media hora, el excursionista se tropieza con una pista forestal procedente de Cercedilla; pista que cruza para seguir trepando por la cañada y conectar, poco después, con unas nítidas rodadas que le guían a manderecha hasta el viejo puerto de Tablada. Desde este punto -donde se aprecia el desmonte de rocas efectuado hace siglos para ensanchar y mejorar el paso-, el camino desciende, ya como senda de herradura, por los pinares del valle del río Moros, donde aparece, tras hora y media de marcha, un ruinoso refugio junto al que mana la fuente Oscura en medio de un espeso helechar. Un cuarto de hora después, el excursionista sale a una pista forestal que, sin perder el rumbo norte, le lleva en otro cuarto -dos horas, en total- hasta una pradera con abrevadero y fuente donde nace el río Gudillos. A pocos pasos, a la derecha, una puerta candada le impide adentrarse en la garganta del río Moros. Aquí se le plantean dos posibilidades. O bajar por el camino que nace justo antes de la puerta hasta el área recreativa La Panera, para seguir por carretera hasta la estación de El Espinar y volver en el tren de la tarde a Tablada, o regresar por donde ha venido. Hay parecidas distancia y belleza. Sumido en esa duda dejamos al excursionista. Acceso en coche o en tren - Dónde. El apeadero de Tablada, punto de partida de esta excursión, dista 56 kilómetros de Madrid. Su acceso está señalizado en el punto kilométrico 54,700 de la carretera N-VI, subiendo desde el pueblo hacia el puerto de Guadarrama o alto del León. También se puede llegar en tren y luego regresar de la misma manera desde la estación segoviana de El Espinar (Renfe, teléfono 902 240 202). - Cuándo. Cualquier época es buena para dar este paseo de 11 kilómetros y cuatro horas -tanto si se hace el trayecto desde el apeadero de Tablada hasta el de El Espinar como si se vuelve desde el nacimiento del río Gudillos por el mismo camino-, con un desnivel de 240 metros -370 en el segundo caso- y una dificultad baja. - Quién. Leonardo Fernández Troyano es el autor de Los pasos históricos de la sierra de Guadarrama (Editorial Paraninfo, teléfono 914 463 350). El libro es un soberbio estudio en el que se describen con detalle el camino de Tablada y otras antiguas vías de comunicación de la zona. - Y qué más. Cartografía: mapa Sierra de Guadarrama, editado a escala 1:50.000 por La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; teléfono 915 343 257); en su defecto, hoja 18-20 (Cercedilla) del Servicio Geográfico del Ejército, o la 508 del Instituto Geográfico Nacional. 00. ELEGÍA DEL GUADARRAMA. Excursiones La Senda de los PoetasPoemas cincelados en la roca llevan del mirador de Aleixandre al de Rosales, al pie de Siete Picos (Por Andrés Campos)
Abrasará la lluvia ácida el postrer pino de Valsaín. Enmudecerán la chova y el acentor. No volverá a nevar. Y el último buitre de Peñalara, señor indiscutible de las lagunas fosforescentes, les llevará de comer a sus pollos muertos una Barbie Superstar. Ocurrirá todo eso -ya lo verán-, pero, a pesar de los pesares, alguno seguirá subiendo al mirador de Vicente Aleixandre para otear los montes pelados y recitar los versos cincelados, por los siglos de los siglos, en un vecino cancho: "Desde esta cima solitaria os miro, / campos que nunca volveréis a mis ojos, / piedra de sol inmensa, eterno mundo, / y el ruiseñor tan débil que en su borde lo hechiza". Después de todo, nunca cantó el ruiseñor en el Guadarrama.Primero fue el observatorio de Aleixandre, que se lo consagraron para ganar. el Nobel de Literatura (1977), y luego el mirador posada de Luis Rosales, que se lo dieron dos años más tarde por amar a Cercedilla, lo cual no es ni mejor ni peor que recibir un premio de los suecos, sino distinto. Ambos caen a la vera de Navarrulaque, en el halda de Majalasna, el más occidental de los Siete Picos, y señorean por igual sobre los valles, cerros, dehesas y caseríos que va enhebrando el río Guadarrama camino de la llanura. Las rocas hablan
Doscientos metros de piorno y granito, los separan. Doscientos metros que pueden hacerse infinitos si a uno le da por demorarse echándoles un vistazo a las cúspides circundantes, desde La Maliciosa (al este) hasta La Peñota (al oeste), pasando por los Siete Picos y el Montón de Trigo. Y si encima ese uno repara en que las rocas hablan, en. que las rocas son como las serranas parlanchinas del Arcipreste, que se plantan en mitad del camino y le dan palique en verso, entonces es seguro que echa bote y merienda. Para llegar a estas alturas donde las peñas son juglares,, hay dos caminos facilísimos: uno, la carretera de la República, que es prolongación de la de las Dehesas (M-966), por pista forestal vedada al tráfico, y dos, la vereda de las Encinillas empinada trocha que asciende a Navarrulaque desde el apeadero del ferrocarril eléctrico en Camorritos y que está señalizada con trozos de pintura roja y blanca (sendero de gran recorrido GR-10). No-hay pérdida: el mirador de Aleixandre descuella junto a la carretera de la República a un kilómetro escaso al sur de la pradera de Navarrulaque. Media docena de poemas, esculpidos para la eternidad sobre las piedras, jalonan la senda de los Poetas. El primero, el de Vicente ("Desde esta cima solitaria os miro... "), que fue como un faro cósmico emitiendo -de viva voz- desde su casa de Miraflores. Y el siguiente, este pedazo de Machado: "¡Oh, sí!, llevad, amigos,/ su cuerpo a la montaña,/ a los azules montes / del ancho Guadarrama". Se le había muerto el maestro, don Francisco Giner de los Ríos, el hombre que en la sierra soñaba un nuevo florecer de España.
"Aguda dentellada"
Leopoldo Panero ("Camino del Guadarrama, / nieve fina de febrero. / Y a la orilla de la tarde, / el pino verde en el viento"), García Nieto ("Afila Siete Picos en la sombra / su aguda dentellada") y el romántico y una pizca anacrónico, entre tantos contemporáneos, Gabriel García Tassara ("Cumbres de Guadarrama y de Fuenfría /columnas de la tierra castellana") anteceden al bardo predilecto del lugar, al poeta que echó aquí raíces, caminatas, lágrimas y amigos del alma, a Luis Rosales: "Las noches de Cercedilla / las llevo en mi soledad / y son la última linde/ que yo quisiera mirar". Antonio Sanz de Miera -que, como presidente de la Fundación Cultural Cercedilla, tiene la culpa de tanta lírica Junta- ha subido mil veces al mirador posada con otras tantas obras de Rosales para dejarlas allí, en un cajetín preparado al efecto, a disposición temporal de los transeúntes. Y los transeúntes han birlado todas. Normal. Si desaparecieron el oso, el lobo y el lince, que tenían colmillos y zarpas, ¡no iban a desaparecer unas mariposas sin alas! CITAS y VERSOS. Sobre la Sierra de Guadarrama¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
la sierra gris y blanca, la sierra de mis tardes madrileñas que yo veía en el azul pintada? Por tus barrancos hondos y por tus cumbres agrias, mil Guadarramas y mil soles vienen, cabalgando conmigo, a tus entrañas. Camino de Balsaín, 1911 (Antonio Machado) -------------------- Como se fue el maestro, A Don Francisco Giner de los Ríos, 21 de Febrero de 1915 (Antonio Machado) -------------------- Sanatorio del alto Guadarrama,
más allá de la roca cenicienta
donde el chivo barbudo se encarama,
mansión de noche larga y fiebre lenta,
¿guardas mullida cama,
bajo seguro techo,
donde reposa el huésped dolorido
del labio exangüe y el angosto pecho,
amplio balcón al campo florecido?
¡Hospital de la sierra!...
El tren, ligero,
rodea el monte y el pinar; emboca
por un desfiladero,
ya pasa al borde de tajada roca,
ya enarca, enhila o su convoy ajusta
al serpear de su carril de acero.
Por donde el tren avanza, sierra augusta,
yo te sé peña a peña y rama a rama;
conozco el agrio olor de tu romero,
vi la amarilla flor de tu retama;
los cantuesos morados, los jarales
blancos de primavera; muchos soles
incendiar tus desnudos berrocales,
reverberar en tus macizas moles.
Mas hoy, mientras camina
el tren, en el saber de tus pastores
pienso no más, y—perdonad, doctores—
rememoro la vieja medicina.
¿Ya no se cuecen flores de verbasco?
¿No hay milagros de hierba montesina?
¿No brota el agua santa del peñasco?
Hospital de la sierra, en tus mañanas
de auroras sin campanas,
cuando la niebla va por los barrancos
o, desgarrada en el azul, enreda
sus guedejones blancos
en los picos de la áspera roqueda;
cuando el doctor-sienes de plata—advierte
los gráficos del muro y examina
los diminutos pasos de la muerte,
del áureo microscopio en la platina,
oirán en tus alcobas ordenadas,
orejas bien sutiles,
hundidas en las tibias almohadas,
el trajinar de estos ferrocarriles.
....................................................
Lejos, Madrid se otea,
Y la locomotora
resuella, silba, humea,
y su riel metálico devora,
ya sobre el ancho campo que verdea.
Mariposa montés, negra y dorada,
al azul de la abierta ventanilla
ha asomado un momento, y remozada,
una encina, de flor verdiamarilla...
Y pasan chopo y chopo en larga hilera,
los almendros del huerto junto al río...
Lejos quedó la amarga primavera
de la alta casa en Guadarrama frío. '''En tren'''
FLOR DE VERBASCO
''A los jóvenes poetas que me honraron con su visita en Segovia''.(Antonio Machado)-------------------- No sé si volveré a alguno de esos lugares mágicos. Siempre me digo a mi mismo que algún día he de volver y, en algunas ocasiones A favor del Guadarrama (Antonio Sáez de Miera) -------------------- Yo no tengo filosofía, tengo sentidos, y si hablo de naturaleza, no es porque sepa lo que es, sino porque la amo Fernando Pessoa -------------------- A pocas leguas de distancia por la izquierda se alzaban las grandes montañas que ya he mencionado. Corrían hacia el Este, formando una cordillera al parecer interminable, paralela al camino; las cumbres y vertientes estaban cubiertas de nieve deslumbradora, barrida por el viento que llegaba hasta mí, a través de la vasta y melancólica planicie, en ráfagas cruelmente frías.
-¿Qué montañas son ésas?- pregunté a un barbero sangrador, que, montado en una burra del mismo pelo que la mía, emparejó conmigo a eso del mediodía y me acompañó durante unas cuantas leguas. -Se llaman de diverso modo, caballero -respondió el barbero-, según los nombres de los lugares inmediatos. Aquellas de allá lejos son la serranía de Plasencia; las que hay frente a Madrid son las montañas de Guadarrama, por un río de este nombre que en ellas nace. La cordillera es muy grande, caballero, y separa los dos reinos; del lado de allá esta Castilla la Vieja. Son magníficas estas montañas y, aunque nos mandan muchísimo frio, a mí me agrada contemplarlas, cosa que no es de extrañar, pues he nacido en ellas, aunque ahora, por mis pecados, vivo en un pueblo del llano. No hay en toda España cordillera como ésta, caballero; tiene sus secretos, sus misterios. Muchas cosas singulares se cuentan de esas montañas y de lo que ocultan en sus profundos escondrijos, porque ha de saber usted que la cordillera es muy ancha y se puede andar por ella días y días sin llegar a término. Muchos se han perdido en ella y no ha vuelto a saberse nada de su paradero. Entre otras rarezas, cuentan que, en ciertos sitios hay profundas lagunas habitadas por monstruos, tales como serpientes corpulentas, más largas que un pino, y caballos de agua que a veces salen de allí y cometen mil estropicios. Es cosa averiguada que allá lejos, hacia el Oeste, en el coraz6n de la montaña, hay un valle maravilloso, tan estrecho que en él solo se le ve la cara al sol en pleno mediodía. Este valle permaneció desconocido durante miles de años; nadie soñaba su existencia. Pero, al cabo, hace mucho tiempo, unos cazadores entraron en él casualmente. ¿Y sabe usted lo que encontron, caballero? Encontraron una pequeña nación o tribu de gente desconocida, que hablaba una lengua ignorada y que acaso vívian desde la creación del mundo sin tratarse con las otras criaturas humanas y sin saber de la existencia de otros seres cerca de ellos. Caballero, ¿no ha oído usted hablar nunca del valle de las Batuecas?. Se han escrito muchos libros acerca de este valle y de sus habitantes. A mí me enorgullecen esas montañas, caballero; si yo fuera hombre independiente, sin mujer y sin hijos, compraría una burra como la de usted -excelente, por lo que veo, y mucho mejor que la mía- y me iría a recorrer esas montañas hasta descubrir todos sus misterios y haber visto las maravillas que contienen. En el invierno de 1835, George Borrow, Don Jorgito para los españoles, luterano evangélico y experto en lenguas, viaja hacia Madrid desde Lisboa para vendernos biblias traducidas al castellano, con la intención de que su lectura nos ayudara a alejarnos de la superstición papista y de la idolatría mariana. La España que se encuentra, en plena decadencia, todavía no se ha recuperado de la invasión napoleónica y se ve asolada por las luchas carlistas. En su libro, la religión y la difusión de la biblia no dejan de ser más que una anecdota. George Borrow nos describe sus viajes, sus aventuras, los personajes con los que se encuentra y, sobre todo, nos da una viva y cercana descripción de los avatares políticos que se desarrollaban en ese momento. En el pasaje que incluyo a continuación, Don Jorgito está llegando a Talavera de la Reina y pone en boca de un barbero sangrador los relatos sobre el Sistema Central que oiría durante su viaje. George Borrow, La Biblia en España 1842 --------------------
Habiendo pasado una parte de mi vida en las montañas y con hombres de la Naturaleza, a lo menos con los que se hallan más cerca de ella que los de las ciudades, los he mirado siempre con afección y aun con respeto, y entre ellos he viajado siempre desarmado y sin temor alguno. En su trato y comunicación se adquiere grande enseñanza, menos tendencia a la ambición desatentada y otras malas pasiones: la paz del alma y la templanza. He salido siempre de Madrid con mi brujula y mi martillo, ufano y lleno de alegría; a la vuelta no entré nunca sin un vago sentimiento de tristeza. Casiano de Prado, Descripción física y geológica de la provincia de Madrid 1864 -------------------- Jamás podré olvidar una puesta de sol, que allá en el último otoño, vi con mis compañeros y alumnos , desde cerca de las Guarramillas. No recuerdo haber sentido nunca una impresión de recogimiento más profunda, más grande, más solemne, más verdaderamente religiosa. La grave y austera poesía de un paisaje cuyo nervio llegaría hasta la fiereza si no lo templasen la dignidad y el reposo que por todas partes ofrece F. Giner de los Ríos, "Paisaje", Ilustración Artística Barcelona 1885 ------------------- Así como J.J. Rousseau es considerado en Europa como el descubridor de la belleza alpina, nosotros deberíamos considerar a Giner de los Ríos como el revelador de las bellezas de Guadarrama, bellezas para las cuales los madrileños estábamos ciegos C. Bernaldo de Quirós 1907 ------------------- No pretendemos descubrir el Guadarrama, erguido a 40 kilómetros de Madrid, que las nieves brillantes parecen acercar en el invierno. Deseamos tan sólo reemplazar, mediante este ocúspulo, con alguna ventaja probable y con una economía cierta, al guía personal que el primerizo necesita tomar en ocasiones para dirigir sus pasos, hoy que el deporte alpino parece desenvolverse entre nosotros, ¿quién sabe si para bien o para mal, santas cumbres solitarias, olvidadas, a quienes puede amenazar la profanación de las vulgaridades? C. Bernaldo de Quirós, Prólogo a la Guía del Guadarrama 1909 -------------------- La sierra de Guadarrama devuelve en energía y en salud el esfuerzo gastado en conocerla. Procura, además, en las altas cumbre un género de estética acabado por la perfección de las sensaciones de silencio y de quietud de las grandes masas rocosas levantadas en sentido vertical, cuya expresión apenas modifican las horas del día, las estaciones de la tierra, los meteoros del cielo, siquiera esta quietud, este silencio lo sean sólo para nuestros sentidos poco delicados. El movimiento y el ruido trabajan sus paisajes más petrificados, semejantes en la tristeza profunda de su expresión a los desolados paisajes lunares que acerca a mil kilómetros de nosotros el telescopio C. Bernaldo de Quirós, Guía alpina del Guadarrama 1909 -------------------- Y allí, en el corazón de la sierra, el dinero, rey de la urbe, se avergüenza ante el único tesoro de unas piernas fuertes y un buen pecho. Feliz aquel que tenga 15 pesetas de sobra y unas piernas vigorosas para poder recorrer ese camino de ventura y bendición, como dice Fernández Zabala que ha de conducirte de Cercedilla al Monasterio del Paular Revista Peñalara 1918 -------------------- Nosotros colocamos aquí esta piedra, no sólo porque el canto del Tolmo hermoso bloque para tallar el monumento al Guadarrama-nos parece merecedor de conllevar la grandeza del nombre de don Francisco Giner, sino con el propósito de tenerle a la puerta de nuestra casa en construcción, que a poco habéis visto en nuestra Pedriza querida; leyéndole a diario, para que nos dé la virtud de entender y practicar el amor a las montañas con la elevación y dignidad que él personalmente sabía y quería comunicarnos, como homenaje e imitación de las cumbres silenciosas y fuertes C.Bernaldo de Quiros, (A la memoria de D. Francisco Giner, Boletín Institución Libre de Enseñanza, 1922) --------------------- Más así y todo, son nuestras montañas de las que queremos tratar, aunque menores, mucho más bellas para nosotros y, sobre todo, más queridas, elementos de nuestra tierra madre con la que nos unen vínculos de semejanza y descendencia que integran el afecto de los hijos C. Bernaldo de Quirós. (El descubrimiento del Guadarrama, 1918) -------------------- La esterilidad de la Pedriza, la estructura de las moles rocosas que la constituyen, con el imponente despliegue de las masas en caprichoso y aterrador arabesco desde todos sus puntos de vista, hacen de esta región, con poco sensible a lo fantástico que sea el que la visite, una especie de lugar disciplinario del espíritu, en el que se fortalecen las energías del pensamiento Diario El Sol, Abril, 1922 -------------------- Fue el 5 de diciembre de 1915, saliendo el sol, por primera vez, ya bastante entrada la mañana, del espeso mar de nieblas que anegaba el valle medio del Manzanares. Repentinamente, como obedeciendo a una reacción vaso-motriz emocional que llamara a flor de roca la sangre profunda de las entrañas de la tierra, el enorme muro de la Pedriza anterior se tornó, todo él, de un maravilloso rubor encendido que en vano intentó fijar, siquiera fuese mediante la fotografía ordinaria, la habilidad extremada de Antonio Victory, nuestro compañero. El espectáculo maravilloso de aquel color purisimo de generosa sangre corriendo sobre la superficie de la montaña, duró breves segundos, menos que nuestro estado de suspensión completa. Nunca hemos vuelto a ver sonrojada a la Pedriza. Pero desde aquel punto, nuestra opinión se ha modificado profundamente en cuanto a ella, creyéndola, en definitiva, más humana y benigna, más mujer que antes podíamos suponerla C. Bernaldo de Quirós. (La Pedriza del Real de Manzanares, 1923) -------------------- Madrid debe avanzar a la sierra en nuevos focos de colonización, asimilándose y urbanizando las antiguas aldeas, y ascender a los puertos, bajo las divisorias y las cumbres, para instalar en cada lugar la obra social justa y adecuada - sanatorios, campamentos, refugios, lugares de cura de reposo - en beneficio de las clases proletarias, excluidas, por insuficiencia económica y hasta por ignorancia y falta de energía para conventir el deseo en acción, en la gran conquista de la sierra, que las clases privilegiadas han logrado C. Bernaldo de Quirós. (La colonización del Guadarrama. Boletín Institución Libre de Enseñanza, 1928) --------------------
|
|
|