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    LA PRIMERA EXCURSIÓN DEL GUADARRAMA. Marcha Giner, por Alfredo Merino

     
    (Nota publicada en el Diario El Mundo el día 24 de Julio de 2002)
     
    Marcha Giner. Los próximos días 26, 27 y 28 se realizará esta ruta, que recuerda la más temprana visita que la Institución Libre de Enseñanza llevó a cabo en la sierra madrileña
    La primera excursión del Guadarrama

    ALFREDO MERINO

    Corría el verano de 1883 cuando a Francisco Giner de los Ríos se le presentó la ocasión de llevar a la práctica el más original y recordado de sus planteamientos educativos: la visita a la naturaleza. Así que el precursor del ecologismo español organizó sus vacaciones de una manera por aquel entonces muy original: recorrería la sierra de Guadarrama.

    Junto con otros profesores y alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, el maestro emprendió el 14 de julio de aquel verano un largo recorrido que le permitió cruzar la sierra en tres jornadas.El viaje constituyó la primera excursión colectiva realizada en la sierra de Guadarrama y está considerada como uno de los primeros hitos del guadarramismo.

    Los próximos días 26, 27 y 28 de julio se va a conmemorar la salida realizada hace 119 años. Organizada por el Foro de la Sierra y con la colaboración de la Comunidad de Madrid, la Marcha Giner repetirá con la mayor fidelidad posible el recorrido original.Para ello, saldrán cada una de las jornadas de los mismos lugares que lo hicieron aquellos hombres, pernoctando donde ellos pasaron la noche.

    La excursión repetirá de cabo a rabo aquel memorable viaje, pero su intención no es glosar en exclusiva sus indudables méritos deportivos. «Se trata de algo que va más allá de una simple actividad, como la marcha. Buscamos aproximarnos al Guadarrama desde la perspectiva más humanista y cultural», explica Domingo Pliego, uno de sus organizadores.

    Junto con Giner, a la sazón con 44 años de edad, marcharon el también profesor Manuel Bartolomé Cossío; los colaboradores Salvador Calderón, José Madrid Moreno y Jerónimo Vida, ambos en calidad de naturalistas y los alumnos Pedro Blanco, Julián Besteiro, Eduardo y Alejandro Chao, Jorge Arellano, José María Garay, Raimundo Martínez Vaca, Luis Prieto y Darío Cordero. Catorce personas en total de las que cabe citar de manera especial a Besteiro y Garay, que años más tarde se convertirían en presidente de las Cortes constituyentes y en alcalde de Madrid, respectivamente.

    Hoy, aquel recorrido sigue siendo duro y cansado. Entonces lo fue mucho más. Hay que tener en cuenta que aún no funcionaba el ramal ferroviario que une Villalba con Cercedilla, ni tampoco estaba trazada la carretera que alcanza el puerto de Navacerrada.«Para cumplir sus objetivos no les quedó más remedio que el primer día, por ejemplo, salir de Villalba a las 3.00 horas. «Después de atravesar lo más abrupto de la sierra, alcanzaron el monasterio de El Paular a la caída de la tarde», cuenta el geógrafo y miembro de Ecologistas en Acción Alvaro Blázquez, de quién partió la idea original de organizar esta marcha.

    La segunda jornada, igual que hicieron Giner y sus compañeros, transcurrirá en la visita al monasterio de El Paular, Casa de la Horca, puente del Perdón y otros lugares de interés del Alto Lozoya. Por último, el tercer día, el domingo 28 de julio, se completará la marcha con la travesía del Alto Guadarrama, desde Rascafría a La Granja a través del histórico puerto del Reventón.

    En todo momento se ha intentado recorrer los mismos caminos que tomaron. Aunque no siempre ha sido posible. Para encontrar la mayor fidelidad posible, Domingo Pliego, experto senderista, ha llevado a cabo una labor detectivesca, rebuscando entre los jarales, bosques y pedrizas aquellas olvidadas sendas.

    APOYOS

    UNA ESTACION SINGULAR: LA FUENTE DE LOS GEOLOGOS

    Uno de los lugares por los que el próximo fin de semana pasará la Marcha Giner también celebra un cumpleaños que, hasta la fecha, ha pasado por completo inadvertido.

    A escasa distancia del puerto de Navacerrada y en el arcén de la carretera, la fuente de los Geólogos es uno de los monumentos más conocidos de todo el Guadarrama.

    Inaugurada hace 70 años, es obra del arquitecto alpinista Julián Delgado Ubeda, quien la levantó por encargo de la Comisaría de Parques Nacionales. No existía, pues, en el momento en que se realizó la excursión primigenia.

    Fue erigida en memoria de cuatro insignes geólogos: Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga.

    A su inauguración, en julio de 1932, acudieron entre otros el presidente de las Cortes, Julián Besteiro, y en ella se glosó la figura de aquellos hombres de ciencia que, según recordó Eduardo Hernández Pacheco, «fueron los primeros que estudiaron la geología española y sintieron profundamente el amor por la naturaleza y el paisaje».

    Como insisten los organizadores, la intención es repetir el camino andado en el siglo XIX.

    Aunque no siempre lo han logrado. «Algunas pistas han desaparecido, sobre todo las que siguieron la primera jornada. También evitaremos un tramo, cerca de La Granja, donde ellos se perdieron», explica Pliego.

    Al final, ya en La Granja, una visita por los jardines del palacio reconfortará los ánimos cansados.

    Más adelante, dentro de unos meses, se editará un libro que recogerá los avatares de ambas excursiones, la de 1883 y la de 2003, con un profundo análisis de la evolución del paisaje entre ambas fechas.

    Giner de los Ríos, el maestro ecologista

    Francisco Giner de los Ríos, filósofo y pensador español, fue, antes que cualquier otra cosa, maestro en el sentido más amplio y extenso de la palabra.

    Nacido en Ronda (Málaga) en 1839, su paso por Alemania le permitió conocer al filósofo Federico Krause, importando a España sus teorías, el krausismo.

    Las aplicó a partir de 1876 en la Institución Libre de Enseñanza, fundada por él como centro de formación al margen de las influencias de la Iglesia y del Estado, los dos entes dominantes de las escuelas de la época.

    Entre los conceptos de su método, destacaba por lo novedoso el contacto con la naturaleza.

    Una inquietud no sólo teórica, sino práctica, llevándola a cabo a través de repetidas excursiones y recorridos de carácter científico-educativo a lo largo de la geografía española.

    A pesar de ser la primera excursión, el recorrido por la sierra de Guadarrama que se revivirá el próximo domingo sentó las bases de esta manera de acercarse al medio natural: mediante el respeto y el conocimiento. Conceptos bien presentes hoy en el movimiento ecologista.

    El Escorial, por Teresa Berganza

    Los árboles tienen personalidad y cada uno es diferente
    Hace casi tres décadas Teresa Berganza eligió este lugar para vivir cerca de la naturaleza. El mismo al que venía con sus padres de pequeña a pasar los domingos
     
    Asegura Teresa Berganza, una de las grandes voces de la lírica mundial, que San Lorenzo de El Escorial es el lugar idóneo para vivir. Rodeando al monasterio -«una maravilla llena de maravillas en su interior»-, hay un incomparable marco natural que la mezzosoprano recorre a pie siempre que puede. «Me gusta mucho caminar. Suelo dar paseos de hora y media. A mi hijo también le gusta y a veces subimos juntos a la Silla de Felipe II o a Abantos. Pero sobre todo paseo por la Herrería». Unos paseos que considera terapéuticos porque le sirven para contrarrestar la vida social que su profesión requiere y que confiesa que no le ha gustado nunca. «Me gusta ir sola, a paso rápido, sin escuchar música, disfrutando de la soledad y el silencio. Cada vez los necesito más. Me gusta mirar los árboles, porque tienen personalidad y cada uno es diferente. Aquí hay algunos que, si me los dieran, los pondría en mi casa como una escultura».

    Dice que este año ha echado en falta en sus paseos los pequeños arroyos que suelen correr en invierno. El recuerdo de esta escena bucólica la transporta al pasado, cuando llevaba a sus hijos al pinar de Abantos: «Siempre querían ponerse las botas de agua, porque su ilusión era meterse en los riachuelos, que caían tan bonitos... Ahora están secos. No hay agua».

    Inevitablemente el cambio climático se cuela en la conversación. «Recuerdo los inviernos de antes, y hablo de veintitantos años atrás, te levantabas por la mañana y estaba todo grisáceo. En Bilbao ante ayer tuve que protegerme del sol». Lo dice cuando diciembre va ya por la segunda quincena. «Si seguimos maltratando a la Naturaleza un día se vengará. Es muy fuerte y no podemos ir contra ella», se lamenta.

    Acaba de volver de Bilbao, donde ha cantado en un concierto organizado por el BBVA. Unos días antes actuó en Madrid, en el auditorio del Museo del Prado, y la semana anterior estuvo en Amsterdam... «La vida que hago es de locos. Aviones, cambios de horario, de clima, de dieta... Por eso cuando cumplí los cincuenta me impuse una vida sana». En la que incluye, aparte de sus caminatas, la práctica diaria de yoga desde hace diez años. «La vida del artista es muy inestable, con momentos de éxito y otros más bajos. Hace falta equilibrio mental para llevarlo bien. El yoga me lo da».

    Lo dice quien ha conocido el éxito desde muy joven, aunque afirma que nunca ha sido profeta en su tierra. «Y creo que sigo sin serlo. No me conocen. Tengo un público bergancista que me quiere muchísimo, pero mucha gente no sabe quién soy, porque no soy una cantante mediática. Tuve que serlo al comienzo de mi carrera, en Estados Unidos, en una época en que no había más remedio que estar en la televisión, en programas como los de Maurice Chevalier, y presentar discos, como se hace ahora aquí. Pero yo me he dedicado a cantar y a volver después a mi casa o al hotel. Me marché de España porque en aquella época no podía hacer nada... Fui una emigrante y gracias a ello soy lo que soy. Si no, estaría dando clases de solfeo o tocando el piano en algún colegio».

    Resulta difícil imaginarse a Teresa Berganza en esa «tesitura». Es más fácil pensar en ella en uno de sus recitales, «auténticos espectáculos teatrales en los que la música, la palabra y el gesto constituyen una unidad», como consta en su presentación en la web de los Premios Príncipe de Asturias, galardón que recibió en 1991, compartido con otras figuras de nuestra lírica. Entre ellas, Victoria de los Ángeles, fallecida hace dos años, en cuyo homenaje va a participar. «Para mí es un gran honor. Mientras lo cuento siento escalofríos, porque Victoria ha sido muy querida para mi y creo que no se le ha hecho mucha justicia, siendo tan gran cantante. Este homenaje me parece una responsabilidad enorme, porque pienso si le gustaría el programa o cómo voy a cantar».

    Mi cabeza es joven

    Hay otros proyectos para el próximo año, como el Concurso Viñas, en el Liceo de Barcelona. «Luego me voy a cantar por esos mundos. Aunque a Estados Unidos no sé si voy a ir, porque es tremendo lo de los aeropuertos... Te quitan los zapatos, te deshacen las maletas, te piden explicaciones de cada medicina... Y ahora que no soy joven, bueno si lo soy de aquí -dice señalando la cabeza-, aunque no por mi fecha de nacimiento (1935), por qué tengo que pasar por todo eso».

    Mientras pasea por el bosque de laHerrería, posando para las fotos, le pide al fotógrafo que la saque guapa. Una petición que no le parece nada complicada al fotógrafo, que se concentra en que el paisaje que capta no desmerezca a la entrevistada. Es coqueta y se cuida mucho, aunque sabe adaptarse a su edad: «Cuando me veo arreglada y pintada me pregunto por qué se opera la gente. Si yo lo hubiera hecho, mira como estaría», dice mientras se estira la piel de la cara con las manos. Después ríe y comenta: «El pelo blanco también es. Para qué tapar las canas si son bonitas. Como las manchas y las arrugas, cada cosa a su edad».

    Las hojas de los robles han caído ya y crujen bajo los pies de Teresa Berganza. Frente a la ermita de la Virgen de Gracia recuerda que a este lugar venía con sus padres cuando ella y sus hermanos eran pequeños, «con los filetes empanados, la tortilla de patata y, sobre todo, las empanadillas que hacía mi madre. Qué buenas estaban».El camino desde la estación, situada a unos dos o tres kilómetros, lo hacían apie, con la cesta de la comida y la manta que luego extendían sobre el suelo. Entonces ya le gustaba El Escorial y preguntaba a su padre por qué no iban a veranear allí. «Y él me contestaba que esto era para los ricos». Iban tan sólo de visita, a ver a una hermana de su padre, que cosía para unos militares que, por una de esas «casualidades del destino», vivían justo en el mismo lugar donde Teresa Berganza tiene ahora su casa, frente al monasterio. Con gran sorpresa, comprobó que entre las casas que Patrimonio puso en alquiler estaba ésa.

    Los recuerdos se agolpan

    Los recuerdos se agolpan en su mente. «Podríamos estar hablando una semana», comenta entusiasmada. Escucharla es un placer, casi tanto como oírla cantar. A la voz une sus gestos -«nací artista»-, que son cordiales y acogedores.

    La afición por la naturaleza la ha heredado de su padre. «Era excepcional. Nos enseñaba las flores y los bichitos. Y nos explicaba... Recuerdo que una vez vimos dos lagartijas, una sobre la otra. Fue la única vez que mis padres me dijeron cómo se podía hacer un niño. Y yo pensaba, "qué cosa más rara que luego salga un lagartijito de estos dos"». También le atribuye su creatividad. Y a su madre el tener los pies en el suelo.

    Se considera tímida, extrovertida y hogareña. Y afirma haber encontrado aquí la casa de sus sueños. Señala un largo corredor interior que comunica con otras viviendas. Sus muros de piedra y los faroles colgados del alto techo parecen trasportarnos a otra época. Y la resonancia que encuentran las voces añade aún más misterio. «Esto es como un convento. A mí, que me gusta la soledad y que soy una mujer mística, aunque no en el sentido religioso, me encanta entrar aquí, pienso que soy como las viudas del siglo XVII que se iban a los monasterios pero que tenían su apartamento propio».

    Explica entre bromas que si se encontrase con Felipe II paseando por allí, una vez repuesta del susto, le diría: «Pase, Majestad, que le voy a cantar una canción maravillosa de las de su tiempo». No cabe duda de que el monarca creería estar en la gloria.

    Para mantenerse en forma, Teresa Berganza camina una hora y media diaria. La Herrería es su lugar favorito.

    Naturaleza y arquitectura

    Situado a los pies del monte Abantos, San Lorenzo del Escorial aúna naturaleza y arquitectura. Piedra berroqueña y pinares en los alrededores proporcionaron a Felipe II los elementos básicos para la construcción del monasterio, en cuyo interior se encuentra el panteón real, un encargo de su padre, Carlos V. Desde la silla que lleva su nombre, el monarca contemplaba la evolución de la obra que ha pasado al acervo de frases populares como ejemplo de lentitud y parsimonia. Pero el resultado mereció la pena. Desde la plataforma de granito en la que se encuentra la Silla se divisa una magnífica panorámica del pueblo y del paisaje que le rodea. Destaca el monte Abantos (1.752 metros), declarado paisaje pintoresco en 1961, un lugar emblemático para los senderistas. La verticalidad de sus laderas y las repoblaciones realizadas en el pasado, cuando la antigua Escuela de Ingenieros de Montes tenía aquí su sede, dan lugar a una diversidad de entornos que lo convierten en el destino ideal para los amantes de la montaña. En el llano se extiende el bosque de la Herrería, declarado de especial interés ecológico en 1995. En él se alternan zonas de bosquetes de roble melojo con otras formaciones adehesadas en las que conviven robles y fresnos. Durante las fiestas de San Lorenzo, en el mes de agosto, tiene lugar la Travesía de las Cumbres que rodean a El Escorial, 19 kilómetros en los que Las Machotas (1.404 metros) son lugar de paso obligado.