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Un collado muy deportivoALFREDO MERINO
Directo a la cima de la esfingeANDRÉS CAMPOS
El camino más corto a La Maliciosa remonta este curso de su cara suroeste desde la Barranca de Navacerrada Desde los albores del excursionismo madrileño, a La Maliciosa se la comparó con seres tan dispares como una monja -el parecido que guardan las largas estrías blancas de sus ventisqueros con las tocas de ciertas religiosas lo señaló el primero Constancio Bernaldo de Quirós en su Guía alpina del Guadarrama, en 1909- y un rinoceronte, paquidermo cuyo hocico le recordaba a Juan Almelá Meliá (Andanzas Castellanas, 1918), vista por el lado occidental, su cúspide, con el cuerno del Peñotillo. Menos conocido, pero no menos acertado, es el símil que por esas mismas fechas acuñó el poeta Carlos Fernández-Shaw: La Maliciosa, esfinge inmutable. Es La Maliciosa una esfinge de cuatro fortísimas patas -sus estribos de las Buitreras, los Almorchones, los Asientos y los Porrones- y elegante espinazo que asciende desde el collado del Piornal, donde entronca con las Guarramillas. Una esfinge que, centinela avanzada hacia la llanura desde el cogollo de la sierra, custodia dos espacios sagrados de ésta: el alto Manzanares a saliente y la Barranca de Navacerrada a poniente. Una esfinge que nos propone hoy el enigma de cuál es el camino más corto hasta su cima. Para subir a La Maliciosa hay catalogadas 13 vías. La más rápida y cómoda es la que se le acerca suavemente por la espalda, por el norte, desde el puerto de Navacerrada: dos horas y 600 metros de desnivel. Pero, con sus seis kilómetros, no puede ser la más corta. ¿Y las peligrosas trochas que trepan por la abismática cara sur? Tampoco: exigen una aproximación de cuatro kilómetros desde Mataelpino. La más directa es la que sube desde la Barranca por el arroyo de las Tijerillas, entre las Buitreras y los Almorchones, salvando 800 metros de altura en sólo dos kilómetros y medio. Con una pendiente del 32%, más que una senda, es una escalera. Otra cuestión enigmática, pero para la que no tenemos respuesta, es por qué el arroyo de las Tijerillas aparece en todos los mapas, oficiales o no, con el nombre postizo y cero ingenioso de arroyo de La Maliciosa. Tijerillas le dicen los serranos desde que el mundo es mundo. Tijerillas le llama en sus Andanzas Juan Almelá Meliá, que remontó este regajo durante la primera ascensión a La Maliciosa de que hay noticia, allá por 1910, en lo más crudo del invierno. Y Tijerillas se lee en el letrero -cosa rara, porque los letreros en España rebuznan- que hay en un costado del aparcamiento número 2 de la Barranca, que reza: 'Senda Maliciosa y Tijerillas'. Guiados por esa senda, empezaremos cruzando por un puente de madera el río Navacerrada, del que es afluente nuestro arroyo. Acto seguido, doblaremos a la izquierda y, culebreando por espeso jaral, pasaremos de largo junto al embalse del pueblo de Navacerrada para llegar en diez minutos a la vaguada del arroyo de las Tijerillas, el cual llevaremos cantando en lo sucesivo a mano izquierda, mientras que a la diestra nos hará enmudecer el silencio gris de una enorme pedrera. Bruscamente, pasaremos del piso del pino al de la gayuba, al del enebro y al piorno, y de éste al del azafrán y la roca. Sin dejar un instante la senda, cruzaremos el arroyo por primera y última vez cerca de sus fuentes, empinado y cascajoso, nos encaramaremos al espinazo de La Maliciosa transcurridas dos horas desde el inicio y, virando a la derecha, en media hora más, a la propia cima, desde donde se ve todo Madrid y, en los días claros, hasta los montes de Toledo. A naciente se destaca La Pedriza, un caos absoluto de rocas junto al que reposa una de las estribaciones de La Maliciosa. La esfinge mira el desbarajuste pétreo de reojo y guarda silencio, enigmática. Con buen tiempo y en formaDónde. La Barranca se halla a 60 kilómetros de la capital yendo por la M-607 (de Madrid a Navacerrada por Colmenar Viejo), con desvío señalizado a la derecha al poco de pasar el hito del kilómetro 57. Los autobuses de La Sepulvedana (teléfono 91 530 48 00) llevan al pueblo de Navacerrada, que está a sólo tres kilómetros de la citada Barranca. Cuándo. Marcha de siete kilómetros y cinco horas de duración -tres de subida y dos de bajada por el mismo camino-, con un desnivel acumulado de 850 metros -La Barranca, 1.380 metros; La Maliciosa, 2.227- y una dificultad alta, sólo recomendable en épocas de bonanza meteorológica y para personas en buena forma. Quién. Guillermo García Pérez es el autor del libro Andanzas por las sierras de Madrid, guía de la editorial La Tienda, donde se describen con todo detalle las 13 posibles ascensiones a La Maliciosa. Para esta subida en particular, también puede consultarse La sierra de Guadarrama (editorial El Senderista), de Juan Pablo Avisón. Y qué más. Cartografía que se puede consultar: hoja 18-20 (Cercedilla) del Servicio Geográfico del Ejército o mapa excursionista Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde (calle de Maudes, 23 y 38; teléfono 91 534 32 57). En ambos, el arroyo de Las Tijerillas figura como arroyo de La Maliciosa. Alto Lozoya. Travesía hasta la solitaria cumbre de Cabeza MedianaALFREDO MERINO
RASCAFRIA.- A pesar de ser el puerto más aislado del Guadarrama, el de Los Cotos fue desde antiguo una importante vía de paso. Por aquí cruzaban los naturales del Alto Lozoya cuando, para ir a Segovia o Avila, querían evitar el arisco puerto del Reventón. Así fue trazado el histórico camino del Palero, en desuso a partir del momento en que, durante los años 30, se abrió la carretera que lleva a Rascafría por el valle de La Angostura. Su parte más elevada, la que va desde Los Cotos al collado de la Sillada de Garcisancho, también es conocida como el camino Viejo del Paular. Es un recorrido que brinda las mejores vistas de la cabecera del valle, discurriendo por parajes solitarios. Una de las rutas sobre las que brindan información en el centro que la Consejería de Medio Ambiente tiene en el Puente del Perdón, en Rascafría, transita por este sendero. Pero, aparte de las imprecisiones en su descripción, en la misma se alude de forma continua a las balizas que deberían señalar el camino. Cinco años después de ser proyectada la ruta, aún no han sido colocadas. El camino puede seguirse, sin embargo, gracias a las señales recién pintadas del sendero de Gran Recorrido 10, uno de cuyos tramos coincide con esta ruta. Una vez más, el esfuerzo anónimo y desinteresado da sopas con honda a toda una señora Consejería. Tras la inevitable barrera, situada junto a la carretera de Rascafría, la pista se adentra en La Pradera, despejada llanura en cuyo fondo todavía perduran los restos de un barracón militar. No hay que llegar allí, sino que justo en un visible mojón situado en medio de la pradera, hay que desviarse hacia la izquierda, hacia una vaguada que desciende al profundo pinar. Más abajo hay que cruzar un arroyo, abandonando en este punto la pista, que desciende hacia la derecha, y proseguir por un sendero situado enfrente. Las señales blanquirrojas, pintadas sobre una piedra del suelo, ayudan a encontrar el rumbo. Unos puentecillos de madera conducen a un abandonado refugio perdido en la espesura del bosque. Tras él, una subida desemboca en otra despejada pradera desde la que se contempla toda la vertiente norte de las Cabezas de Hierro. Una fila de piedras clavadas en el suelo llevan al caminante a un abrupto descenso que no termina hasta llegar al fondo del barranco abierto por el arroyo de La Laguna. Un rústico puente, situado aguas arriba, permite cruzar el brioso cauce, tras el que sigue una empinada cuesta que muere en una pista horizontal. Tomada a la derecha, conduce a la Sillada de Garcisancho, topónimo que señala el escondido collado que separa las laderas del Peñalara con la Cabeza Mediana. Hacia ella, se dirige la pista que surge a la derecha, cruzando una recoleta pradera presidida por un notable pino silvestre. No cuesta mucho encaramarse a lo más alto de la loma. Pero no se engañe el excursionista. Esta no es su objetivo. Habrá de recorrerla en toda su longitud y descender por un empinado cortafuegos, situado en la vertiente opuesta. Luego, tras un profundo collado, hay que arremeter la última costanera. El lugar, que es frecuentado por ganado vacuno, se encuentra perdido en medio del alto Lozoya. Pues, si bien algunos de los pocos que se aventuran por estos parajes llegan hasta la Sillada, la mayoría prosigue camino del Palero abajo, sin reparar en el interés de estos altozanos. Ya cerca de la cumbre, el pinar se abre en amplios prados y armoniosos roquedales. Las caballadas que pasan el año sueltas por el valle muestran querencia por estos andurriales y miran con curiosidad el paso del caminante. Ya junto al mojón que señala el punto más elevado, al lado de una placa solar y un pararrayos; es momento de recuperar el resuello, mientras se contempla cómo todavía se pierden bajo la nieve las oscuras aristas del Peñalara. Datos prácticos
Cómo llegar.- Desde Madrid, por la carretera de A Coruña hasta llegar a la localidad de Villalba, donde habrá de tomarse la N-601, en dirección a Segovia, hasta el puerto de Navacerrada. Una vez aquí, hay que desviarse por la carretera C-604 hasta el puerto de Los Cotos. Desde este lugar, hay que descender hacia Rascafría, hasta sobrepasar el kilómetro 41, dejando el vehículo justo enfrente de una pista que se abre a mano izquierda. Horario.- Es una caminata que dura entre dos horas y media y tres horas para todo el recorrido. Indicaciones.- Se trata de una excursión que, sin tener dificultades demasiado notables, exige por parte del viajero cierta atención y conocimiento del terreno, pues el camino puede perderse en algunos puntos. De igual manera, el trayecto tiene tramos con un importante desnivel. El camino de regreso es el mismo que el llevado a la ida. Valores naturales.- En esta ruta hay bastantes valores paisajísticos y naturales. En concreto, un amplio pinar, praderas de montaña y zonas de roca. Entre la fauna que puede verse figura el buitre negro, el águila, el ratonero, el picapinos y algunas especies de aves de bosque. Dónde comer.- Casa Marcelino en el puerto de Los Cotos es un buen lugar para reponer fuerzas.
Chapuzones en agua fría de montaña para combatir el calorANDRÉS CAMPOS
Pocos placeres más elementales e intensos que zambullirse en pleno verano en una charca rebosante de las aguas frías de la montaña, cuya pureza atestiguan las truchas y las nutrias. La Pedriza del Manzanares, el valle del Lozoya y la cuenca alta del Eresma ofrecen las mejores ocasiones para ello en la sierra de Guadarrama. A continuación se proponen cuatro sencillas rutas a pie para acercarse a las pozas más bellas y solitarias de la región.
- Río Cambrones. La poza del Guindo semeja un gran espejo ovalado: un espejo de 20 metros de largo por la mitad de ancho, enmarcado en una orla de hierba sobre la que se yerguen y contonean, mirándose y remirándose en el cristal de las aguas, varios álamos, fresnos, sauces y un lánguido cerezo, o guindo, que es el que da nombre al remanso. Más arriba de la del Guindo, que, con su corte de árboles presumidos, es la reina de las pozas de la sierra, quedan la de Enmedio, la Negra -negrísima su agua en un tenebroso hondón, al pie de una espumeante cascada-, la del Barbas y un interminable rosario de pozas escalonadas que, de tan alto como suben, ya sólo espejan el cielo. Son las pozas o calderas del Cambrones, un riacho bravo y saltarín que desciende 900 metros en 14 kilómetros, desde su cuna en el puerto de Malagosto hasta las vecindades de La Granja, donde se lo bebe el Eresma. A las pozas se llega andando en una hora desde La Granja, por una senda que se desvía del viejo paseo de la Casa de Vacas a 500 metros del puente de la Princesa. La descripción y el croquis de la ruta se hallarán en www.segoviasur.com y en la oficina de información turística del paseo del Pocillo (teléfono: 676 457 395), cerca del punto de partida. - Angostura. Desde el área recreativa Las Presillas, en El Paular, hasta la poza de Sócrates, junto al puerto de los Cotos, el río de la Angostura o alto Lozoya ofrece 15 kilómetros de buenas razones para darse un chapuzón. Las charcas más solitarias y apetecibles son las que quedan a medio camino, donde no se puede llegar directamente en coche. Para disfrutar de ellas, nos echaremos a andar por la pista forestal cerrada al tráfico con barrera que nace en el kilómetro 32,4 de la carretera M-604 -a mano izquierda, según se sube hacia Cotos-, la cual nos llevará en media hora hasta el anciano puente de piedra de la Angostura, donde cambiaremos de margen. Entre este puente y el de madera de los Hoyones, que está a dos kilómetros río arriba -otra media hora-, veremos sucederse los rápidos, las cascadas y las pozas profundas, más que muchas piscinas, a la sombra de los pinos albares, los robles y los abedules. Bañistas, en cambio, no veremos otros que los martines pescadores y las nutrias. Para orientarnos, hay sendos centros de educación ambiental en Cotos (teléfono: 918 520 857) y El Paular (teléfono: 918 691 757). Otra referencia útil para caminar por la zona es www.andarines.com/madrid/laangostura/angostura.htm - Alto Manzanares. Caminando río arriba desde el último aparcamiento de la Pedriza se llega en tres cuartos de hora a la archifamosa Charca Verde, una poza de 20 metros donde al agua adquiere un vivo color de elixir de clorofila al remansarse entre gigantescas lanchas de granito que sirven de solárium para la muchedumbre habitual de bañistas. Muy tranquilo, el lugar, no es. Si lo que se busca es intimidad, hay que seguir remontando el Manzanares casi dos horas; de hacerlo así, hallaremos, justo por encima de las cascadas conocidas como los Chorros, un rosario de pozas solitarias asombradas por pinos silvestres de añosísima corpulencia, con vistas a la riscosa cuerda de las Milaneras. Sobre la ruta de los Chorros -diez kilómetros y cinco horas de duración, incluida la vuelta por el mismo camino- informan en el centro de educación ambiental (teléfono: 918 539 978) que abre todos los días junto al control de acceso a la Pedriza, a dos kilómetros de Manzanares El Real. En los días más calurosos del verano, mejor opción que subir, es efectuar el descenso del Manzanares desde su nacimiento en el Ventisquero de la Condesa, cerca del puerto de Navacerrada, recorrido que se describe con detalle en www.excursionesysenderismo.com. - Aguilón. Este arroyo, uno de los principales afluentes del Lozoya, se tropieza en su curso medio con una impresionante quebrada, lóbrega y vertiginosa, por la que se abre paso brincando de poza en poza con saltos de hasta 15 metros de altura. El Purgatorio, que así se llama el paraje, es uno de los enclaves de mayor valor ecológico de la región, habitado por la nutria y el desmán de los Pirineos, lo que habla de la pureza casi teórica de estas aguas recién nacidas en la umbría de la Najarra. El camino de acceso, bien señalizado, parte del centro de educación ambiental Puente del Perdón (teléfono: 918 691 757), en el kilómetro 27,6 de la carretera M-604, a dos de Rascafría, y se va abriendo paso por robledales y pinares hasta llegar a la quebrada de marras. La senda acaba en un mirador de madera frente a una de las cascadas, pero se puede seguir subiendo con cuidado por los escarpes rocosos de la margen derecha -izquierda, según se asciende- para gozar de las pozas que se esconden allende el Purgatorio. Este lugar, más alto, bello y solitario, es, apurando la metáfora, el paraíso. Son 12 kilómetros y cuatro horas de paseo, incluida la vuelta por el mismo camino. Se encuentran más detalles de la ruta en www.madrid.org/inforjoven. |
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